Medio Oriente vive uno de los cambios más importantes de los últimos años. La estrategia de Israel ya no se basa únicamente en reaccionar ante las amenazas. Ahora busca adelantarse a ellas. Las recientes declaraciones del primer ministro Benjamín Netanyahu reflejan esta nueva visión: impedir que los riesgos crezcan antes de que puedan poner en peligro al Estado israelí.
Los acontecimientos de los últimos años marcaron un antes y un después. El ataque sufrido por Israel en octubre del 2023 cambió profundamente la percepción de seguridad del país. Desde entonces, gran parte de la dirigencia israelí llegó a una conclusión clara: esperar a que una amenaza se materialice puede tener consecuencias demasiado costosas.
Esa idea explica la ofensiva sostenida contra la influencia regional de Irán. Las operaciones militares dirigidas contra infraestructura estratégica y contra organizaciones aliadas de Teherán han debilitado una red de poder que tomó décadas construir. Al mismo tiempo, la presión económica y política sobre el régimen iraní ha aumentado de forma significativa.
Para Israel, estos resultados representan mucho más que una victoria militar. Significan recuperar la iniciativa en una región donde durante años predominó la incertidumbre. El mensaje es claro: cualquier actor que amenace su seguridad enfrentará una respuesta preventiva y contundente.
Sin embargo, el éxito militar no garantiza una victoria definitiva. Destruir capacidades enemigas es una cosa; construir estabilidad es otra muy distinta. La historia demuestra que muchas guerras se ganan en el campo de batalla, pero se complican cuando llega el momento de consolidar la paz.
Ese es precisamente el desafío que enfrenta Israel. La eliminación de líderes extremistas y el debilitamiento de grupos armados pueden ofrecer una ventaja temporal, pero no resuelven por sí solos los problemas políticos de fondo. Sin una estrategia que genere estabilidad duradera, los conflictos pueden reaparecer bajo nuevas formas.
También existen riesgos diplomáticos. Muchos países observan con preocupación el uso constante de la fuerza militar. Aunque varios gobiernos reconocen el derecho de Israel a defenderse, también existe presión internacional para evitar una escalada permanente que termine afectando a toda la región.
Además, la relación entre Israel y sus aliados occidentales podría enfrentar momentos de tensión. Mientras algunas potencias buscan acuerdos que reduzcan el conflicto con Irán, Jerusalén mantiene una posición mucho más cautelosa. Para los líderes israelíes, cualquier negociación debe garantizar que las amenazas futuras queden realmente neutralizadas.
Por ello, el reto más importante para Israel no será ganar la próxima batalla. Será transformar sus éxitos militares en una seguridad sostenible. Para lograrlo necesitará fortalecer sus alianzas regionales, mantener su liderazgo tecnológico y preservar la unidad interna de una sociedad que ha demostrado una gran capacidad de resistencia.
La lección que deja el 2026 es contundente. En Medio Oriente, la fuerza sigue siendo un factor central para garantizar la supervivencia de los Estados. Pero la fuerza, por sí sola, no basta. La verdadera victoria consiste en convertir el poder militar en estabilidad política, crecimiento y seguridad duradera. Si Israel consigue ese equilibrio, podrá consolidar una posición más fuerte y estable en el nuevo escenario regional que hoy comienza a tomar forma.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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