Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Gobernar no es ganar: la responsabilidad histórica en tiempos de incertidumbre

El contenido y la realidad de hoy reflejan un momento político que trasciende lo coyuntural para situarse en un plano estructural: el de la responsabilidad del poder frente a una ciudadanía cada vez más exigente, desconfiada y fragmentada. No estamos ante un simple cambio de gobierno, sino frente a una oportunidad crítica para redefinir la relación entre el Estado y la sociedad, especialmente en países como el Perú, donde la institucionalidad ha sido golpeada por años de crisis, corrupción y polarización.

El paralelo con la realidad actual es evidente. América Latina vive un proceso de reconfiguración política donde ya no basta declararse de izquierda o derecha. La verdadera línea divisoria, como bien se ha sostenido, es la capacidad de generar desarrollo humano, garantizar seguridad, promover inversión con inclusión y asegurar servicios básicos de calidad. En ese sentido, el nuevo gobierno no puede caer en el error histórico de gobernar para su electorado; se debe gobernar para todos.

El análisis de los discursos y de las acciones iniciales muestra tres grandes desafíos. Primero, recuperar la confianza. Sin credibilidad, cualquier política pública se diluye. La transparencia, la meritocracia y la lucha frontal contra la corrupción no son opcionales: son el punto de partida. Segundo, ordenar el Estado. La improvisación ha sido uno de los males crónicos; se requiere gestión técnica, equipos competentes y objetivos medibles. Tercero, generar resultados concretos en el corto plazo sin perder la visión de largo plazo, especialmente en empleo, seguridad ciudadana y reactivación económica.

Sin embargo, también hay riesgos latentes. El populismo, la captura de instituciones, el uso político de la justicia o la tentación de concentrar poder pueden desviar cualquier buena intención. La historia reciente del país demuestra que los gobiernos no fracasan por falta de discurso, sino por incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

Este nuevo escenario exige liderazgo con inteligencia emocional, capacidad de diálogo y firmeza ética. No se trata de imponer, sino de construir consensos sin renunciar a principios. El país necesita menos confrontación y más ejecución; menos ideología y más soluciones.

El nuevo gobierno no será juzgado por sus promesas, sino por sus resultados. Tiene en sus manos una oportunidad irrepetible: pasar de la narrativa a la transformación real. Si entiende que gobernar es servir y no imponer, podrá marcar un punto de inflexión en la historia del país. De lo contrario, será simplemente un capítulo más en la larga lista de oportunidades perdidas. Gran tarea que el gobierno fujimorista sabe y va a aplicar, con optimismo y fe en, y para, todos los peruanos.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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