Han pasado veintitrés años desde la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), pero el Perú todavía no ha logrado cerrar la discusión sobre la violencia política que marcó las décadas de 1980 y 1990.
La memoria de ese periodo continúa dividida. Para una parte del país, la CVR representó un esfuerzo necesario para reconocer a las víctimas y establecer responsabilidades. Para otra, su interpretación dejó fuera elementos esenciales sobre la naturaleza del terrorismo y el papel de quienes defendieron la democracia.
En este debate, el trabajo de Sebastião Mendonça adquiere especial importancia. Analista de origen brasileño, residente en el Perú desde 1973, ex visiting scholar del MIT y director del Centro Wiñac, ha estudiado durante años los procesos de conflicto y estrategia política.
En su obra ¿Por qué fracasó Sendero? (2026), Mendonça plantea una pregunta central: cómo una organización que buscaba destruir el Estado peruano terminó derrotada. Su análisis destaca que la derrota de Sendero Luminoso no fue producto del azar, sino de una combinación de inteligencia, organización institucional y resistencia social.
Esta mirada coincide con una realidad que aún genera debate. Una encuesta de Ipsos de 2023 mostró un amplio rechazo ciudadano a la narrativa construida alrededor de la CVR. Más allá de la cifra, el dato revela un problema mayor: existe una distancia entre la memoria oficial y la experiencia de miles de peruanos que vivieron directamente la violencia.
El principal cuestionamiento no es la necesidad de recordar, sino la forma en que se interpretó la historia.
La CVR realizó un aporte importante al documentar miles de casos de violencia y sufrimiento. Sin embargo, sus conclusiones fueron recibidas por algunos sectores como una visión que no otorgó suficiente reconocimiento al papel de las instituciones que enfrentaron al terrorismo.
El Perú debe ser capaz de sostener dos verdades al mismo tiempo. Sendero Luminoso y el MRTA fueron organizaciones violentas que buscaron destruir el sistema democrático. Pero también es cierto que existieron abusos cometidos por agentes del Estado que deben ser investigados y condenados.
Una democracia fuerte no necesita ocultar errores para defender a sus instituciones. Necesita reconocer toda la verdad con equilibrio y sin convertir la historia en una herramienta de lucha política.
Durante años, el papel de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las rondas campesinas y los comités de autodefensa no recibió siempre el reconocimiento que muchos consideran merecido.
Miles de ciudadanos, especialmente campesinos de las zonas más afectadas, enfrentaron al terrorismo en condiciones extremadamente difíciles. Su participación fue decisiva para evitar que el país cayera en una crisis mayor.
También debe recuperarse la importancia estratégica de la inteligencia. La captura de Abimael Guzmán en 1992 por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) fue una demostración de que la planificación, la investigación y la profesionalización del Estado podían derrotar a una organización terrorista.
Esa experiencia dejó una lección vigente: la seguridad de una democracia depende de instituciones fuertes y preparadas.
Hoy, cuando el Perú enfrenta nuevas amenazas vinculadas al crimen organizado, el narcotráfico y la debilidad institucional en algunas zonas del territorio, la forma en que interpreta su pasado sigue siendo relevante.
Una nación que no comprende correctamente su historia tiene dificultades para responder a sus desafíos presentes.
Por ello, revisar la interpretación histórica del conflicto armado interno no debe significar negar responsabilidades ni borrar el dolor de las víctimas. Debe significar ampliar la mirada, incorporar nuevas investigaciones y construir una memoria basada en hechos comprobables.
El Perú necesita una nueva síntesis histórica. Una memoria que reconozca a las víctimas, condene los abusos, identifique a los responsables y valore a quienes defendieron la democracia.
Solo una historia analizada con equilibrio, sin dogmas ni intereses políticos, permitirá alcanzar una verdadera reconciliación nacional. La paz no se construye olvidando el pasado, sino comprendiendo con honestidad cómo fue posible recuperar la libertad.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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