
El Perú llega al 2026 ante un momento decisivo de su historia reciente. La crisis política, el avance de la inseguridad, la pérdida de confianza ciudadana y la limitada capacidad del Estado para ejecutar reformas han creado la percepción de un país atrapado en la urgencia. Sin embargo, el problema más profundo no es una crisis aislada de gobierno; es la ausencia de una estrategia nacional que permita orientar las decisiones del Estado más allá de los ciclos electorales.
Durante años, el país ha administrado sus problemas en lugar de resolverlos. Cada gobierno inicia una nueva etapa, cambia prioridades y reemplaza equipos, mientras los grandes desafíos permanecen sin solución. La planificación nacional existe, pero pocas veces logra convertirse en una política efectiva de Estado. El Plan Estratégico de Desarrollo Nacional al 2050 y el trabajo técnico del CEPLAN constituyen avances importantes, pero todavía requieren mayor respaldo político e institucional para transformarse en una verdadera hoja de ruta nacional.
El costo de esta falta de continuidad es elevado. La incertidumbre política afecta la inversión, retrasa proyectos estratégicos y reduce la capacidad del Perú para competir en una economía mundial donde la velocidad de decisión, la innovación y la estabilidad institucional son factores de poder. Las brechas en infraestructura, transporte, energía y conectividad no son únicamente problemas técnicos; representan menor productividad, menos oportunidades de empleo y mayores desigualdades entre regiones.
El Perú no enfrenta una falta de oportunidades. Posee minerales estratégicos fundamentales para la transición energética mundial, una ubicación privilegiada en el Pacífico, una enorme biodiversidad y un importante potencial energético. El desafío es convertir esas ventajas en desarrollo sostenible y poder nacional. En el siglo XXI, los países no prosperan solamente por sus recursos naturales, sino por la calidad de sus instituciones, la seguridad de sus reglas, su capacidad tecnológica y su visión estratégica.
La nueva realidad geopolítica exige decisiones claras. China ha fortalecido su presencia económica en el Perú mediante comercio, infraestructura e inversiones estratégicas. El puerto de Chancay representa una nueva conexión del país con el Pacífico y puede modificar los flujos comerciales entre Sudamérica y Asia. Su participación en minería, energía y otros sectores confirma el creciente interés internacional por los recursos estratégicos peruanos.
Estados Unidos observa este escenario desde la perspectiva de la seguridad económica y regional. Su interés está relacionado con cadenas de suministro confiables, acceso a minerales críticos y cooperación frente a amenazas como el narcotráfico, la minería ilegal y el crimen organizado. El Perú se encuentra en un espacio donde convergen grandes intereses internacionales. Si no define con claridad sus prioridades, otros actores terminarán influyendo en las decisiones que marcarán su futuro.
Por ello, la seguridad nacional debe entenderse de manera integral. No existe desarrollo sostenible sin seguridad, ni crecimiento económico sin instituciones fuertes. La defensa nacional, la estabilidad democrática, la seguridad ciudadana y el bienestar económico forman parte de un mismo propósito: fortalecer la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos y defender sus intereses permanentes.
En este contexto, el gobierno que asumirá el próximo 28 de julio tendrá una responsabilidad histórica. No recibirá solamente la conducción administrativa del Estado; recibirá el desafío de recuperar la dirección estratégica de la nación. Su mayor prueba será demostrar que puede gobernar con visión de futuro y no limitarse a responder a las crisis del presente.
Ese gobierno deberá construir consensos nacionales, fortalecer las instituciones y transformar la planificación existente en decisiones concretas. Tendrá que recuperar la confianza ciudadana, garantizar seguridad jurídica, impulsar infraestructura prioritaria y asegurar que los proyectos fundamentales del país tengan continuidad más allá de los cambios políticos.
Una de sus primeras tareas debería ser establecer una agenda nacional con prioridades claras, metas verificables y responsables definidos. Esa agenda debe concentrarse en seguridad ciudadana, infraestructura estratégica, energía, agua, transformación digital, educación y competitividad. El Estado debe recuperar capacidad de ejecución y superar la cultura de la improvisación que ha limitado el desarrollo nacional.
La transformación digital será una herramienta decisiva para modernizar la administración pública, reducir la burocracia y cerrar espacios para la corrupción. Pero ningún avance tecnológico será suficiente sin instituciones capaces de planificar, coordinar y ejecutar. Fortalecer el CEPLAN, los organismos técnicos y las capacidades estratégicas del Estado permitirá anticipar escenarios y tomar decisiones con mayor visión.
El Perú necesita pasar de un Estado reactivo a un Estado estratégico. Las naciones que avanzan no son aquellas que nunca enfrentan dificultades, sino aquellas que cuentan con instituciones preparadas para superarlas y con una visión compartida sobre su futuro.
La tarea nacional es construir un consenso alrededor de objetivos permanentes: seguridad, educación, infraestructura, innovación, integración territorial y aprovechamiento responsable de los recursos. Esa visión debe estar acompañada de disciplina fiscal, lucha contra la corrupción, reforma del servicio civil y una política firme contra las organizaciones criminales que amenazan la autoridad del Estado.
La hora de definir el destino del Perú ha llegado. El país no necesita más diagnósticos ni planes archivados; necesita liderazgo, continuidad y capacidad de ejecución. El gobierno que inicia el 28 de julio tendrá la oportunidad de romper el ciclo de crisis permanente y demostrar que la política puede recuperar su verdadera misión: construir una nación con rumbo, estabilidad y capacidad de decidir su propio futuro.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.
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