Columnas Fernando Cillóniz

La paradoja de la corrupción: Estado rico, pueblo pobre

El Estado está lleno de plata. Por el lado fiscal, durante los últimos años, la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) recaudó más impuestos que nunca. Los paganos – ¡cuándo no! – fuimos los ciudadanos.

Los extraordinarios precios de nuestros productos de exportación (cobre y oro, principalmente) propició la mayor recaudación de Impuesto a la Renta (IR) jamás lograda por la SUNAT, en toda su existencia. Producto de ello, el Canon Minero también alcanzó récords históricos. Jamás las regiones mineras recibieron tantos recursos de canon, como los recibidos en los últimos años.

Por el lado del comercio exterior, los récords de exportaciones de los últimos años (US$ 66,963 millones en el 2023, US$ 76,357 millones en el 2024, US$ 93,993 el año pasado); y el superávit de la balanza comercial internacional (US$ 17,005 millones en el 2023, US$ 24,144 millones en el 2024, US$ 35,433 millones en el 2025), le permitieron al Banco Central de Reserva (BCR) acumular las más altas reservas internacionales de nuestra historia: US$ 100,950 millones, al 30 de abril de 2026… con tendencia al alza. 

Y si a eso le sumamos nuestra deuda externa de US$ 157,790 millones (32.1 % del PBI) y la inflación de apenas 1.5 % durante el 2025, nuestro país ostenta los indicadores macroeconómicos más sólidos del mundo.  

Por todo ello, el Estado está boyante. ¡Ya quisieran muchos países tener la solidez macroeconómica del Perú! Realmente, notable… aunque muchos compatriotas no lo quieran reconocer.

El problema está en el ámbito de la Sociedad Civil. A ese respecto, cabe preguntarnos ¿cómo están los microempresarios y los trabajadores informales? ¿Cómo están las amas de casa y la juventud desempleada? ¿Cómo están los jubilados? Como dirían los políticos demagogos… ¿cómo está El Pueblo? Bueno pues… en términos generales, el pueblo peruano la está mal. Muy mal.

Claramente, hay un contraste entre las finanzas públicas y las finanzas de la ciudadanía. Repito… el Estado está lleno de plata. Sin embargo, a pesar de ello – al revés de lo que debería suceder – mucha gente está sin trabajo. Peor aún, la pobreza está estancada… ¡no baja! El 25.7 % de nuestra población es pobre; casi 9 millones de peruanos. Y el 4.7 % – ¡1´600,000 peruanos! – son pobres extremos. No tienen ni para comer.

Con la pobreza, están creciendo el hambre y la delincuencia. Si no ¿cómo explicar la proliferación de mendigos – con niños a cuestas – en las calles? ¿Cómo explicar el incremento desmedido de la criminalidad e inseguridad ciudadana en todo el país?

Claramente, el Estado ha fracasado. El enorme esfuerzo contributivo de la ciudadanía – y las empresas – ha sido en vano. La pésima gestión de los servicios públicos, lo dice todo. Me refiero a aquellos servicios que el Estado está obligado a brindarnos de manera eficiente y oportuna, pero… nada que ver.

Servicios como agua y desagüe, limpieza pública, salud y educación, seguridad ciudadana, justicia, infraestructura… ¿Acaso no son paupérrimos – o inexistentes – los servicios que nos brinda el Estado en dichas materias? 

Entonces… al pan, pan, y al vino, vino. Fracaso estatal estrepitoso. El Estado está para servir a la ciudadanía. Esa es su función. Pero no. En nuestro caso, el Estado nos maltrata cruelmente. Incluso, se sirve de nosotros. O sea, el mundo al revés.

CONCLUSIÓN: el dinero de los peruanos debe estar más en el mercado, y menos en el Estado. El Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) debe desaparecer… y para siempre. Las tasas de IGV y Renta (IR) deben bajar, sustancialmente. Además de propiciar una mayor formalización de la economía, el dinero de los peruanos quedaría más – y mejor – en los bolsillos de la gente y de las empresas. Nuestro dinero en manos del Estado, ya sabemos dónde termina: en los bolsillos de funcionarios y empresarios corruptos.

Pero para poder bajar las tasas tributarias – sin desequilibrar el presupuesto público – primero hay que reducir los gastos improductivos del Estado: fusionar (léase, eliminar) ministerios e instituciones redundantes y reducir la burocracia corrupta e inepta que ingresó al Estado por favores políticos, nepotismo, compras de puestos, tarjetazos, títulos académicos falsos…y demás. No es justo que tanta gente parasite en el Estado, a costa de la ciudadanía.

Por esos funcionarios parasitarios y corruptos, el Estado – nuestro Estado – es un pésimo administrador de los impuestos que pagamos los peruanos. Dicho sea de paso, ningún peruano – por más pobre que sea – deja de pagar IGV. Los informales podrán evadir IGV en algunas compras de bienes y servicios, pero del IGV a los combustibles, electricidad, telefonía, cerveza, etc. nadie se salva. 

Entonces ¿cómo confiarle nuestros tributos – producto de nuestro esfuerzo – a funcionarios que no son de fiar! Mejor dicho… ¡a funcionarios que – de hecho – van a robar!

Por otro lado, al Estado hay digitalizarlo y simplificarlo. Cero colas, cero papeles, cero firmas, cero sellos, cero coimas. Hay que autonomizar los servicios públicos especializados – agua y desagüe, limpieza pública, salud, educación, seguridad, etc. – para blindarlos de la perniciosa injerencia política. En otras palabras, hay que profesionalizar la gestión pública e imponer la meritocracia en todos los estamentos del Estado… tipo BCR. ¡No al clientelismo político!

Ahora vayamos a lo que quiero llegar: ¿acaso el desempleo no es el mayor problema de los peruanos actualmente? ¿Acaso la inversión – principalmente privada – no es la mayor generadora de empleo formal? Entonces ¿qué sentido tiene quitarle tanto dinero a la gente – y a las empresas – para dárselo al Estado? ¡Absurdo total!

Recapitulemos. El Estado está lleno de plata. La pobreza ciudadana es terrible, y está estancada. Las empresas no están invirtiendo lo suficiente como para generar los puestos de trabajo que se necesitan para reducir la pobreza. ¿No sería mejor eliminar el ISC y reducir las tasas de IGV y Renta para que la ciudadanía esté mejor, y las empresas inviertan más para generar más empleos?

Estado rico, pueblo pobre. He ahí la paradoja del estatismo corrupto, inepto y maltratador que tenemos. Eso es lo que hay que corregir, para reducir la pobreza en nuestro país. He ahí el máximo desafío del nuevo gobierno, a quien le deseo lo mejor de los mejor.

Fernando Cillóniz.
Culminó sus estudios de Ingeniería Económica en la Universidad Nacional de Ingeniería (Perú). Estudió un MBA en Escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pennsylvania. Ha sido director del Banco Internacional y miembro del Consejo Consultivo del Diario El Comercio. Fue ex regidor de Ica.

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