El Perú enfrenta en 2026 una etapa decisiva de su historia republicana. Tras años de inestabilidad política, fragmentación institucional y pérdida de confianza ciudadana, el país tiene la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo basado en la recuperación de la autoridad del Estado, la estabilidad económica y la defensa de la democracia. La llegada de Keiko Fujimori al poder representa no solo un cambio de gobierno, sino una prueba histórica sobre la capacidad del sistema democrático para consolidar instituciones sólidas frente a sus crisis recurrentes.
El país ha vivido durante décadas entre una sociedad resiliente y un Estado con limitaciones estructurales para garantizar seguridad, justicia y desarrollo. Como señaló Mario Vargas Llosa, «la democracia es imperfecta, pero es el único sistema que permite corregir sus propios errores». Fortalecerla implica no solo reconocer sus fallas, sino evitar que estas sean aprovechadas por quienes buscan debilitarla desde dentro.
El Perú enfrentó una de las amenazas más graves de su historia cuando Sendero Luminoso y el MRTA desarrollaron campañas de violencia terrorista contra el Estado y la población. La guerra contraterrorista liderada por las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la sociedad civil permitió derrotar militarmente a estas organizaciones y preservar el orden democrático, aunque dejó profundas heridas sociales que aún persisten. Sin embargo, la defensa de la libertad no concluye con una victoria militar, sino que exige instituciones fuertes, justicia independiente y capacidad de prevención frente a nuevas formas de autoritarismo.
Las amenazas actuales ya no se expresan únicamente mediante la violencia abierta, sino a través de la corrupción, la desinformación, la captura institucional y la erosión de la confianza ciudadana. A ello se suman problemas estructurales como la minería ilegal, el crimen organizado, el narcotráfico y las economías clandestinas, que avanzan en territorios donde el Estado es débil, como evidencia el caso de Madre de Dios.
Frente a ello, la seguridad nacional requiere una estrategia permanente basada en inteligencia, fortalecimiento judicial, control financiero del delito y recuperación efectiva del territorio. La seguridad del país no depende solo de la capacidad operativa de las fuerzas del orden, sino de instituciones eficientes, transparentes y sostenidas en el tiempo.
En el plano económico, el Perú conserva ventajas relevantes, como estabilidad monetaria, recursos estratégicos y capacidad exportadora. Sin embargo, estas no bastan sin un Estado funcional. La informalidad, la corrupción y la debilidad institucional impiden que el crecimiento se traduzca en bienestar. Como ha señalado Hernando de Soto, millones de peruanos permanecen fuera del sistema formal debido a barreras institucionales que limitan su desarrollo, lo que exige reformas profundas de integración económica y social.
El nuevo gobierno enfrenta así una responsabilidad histórica: demostrar que la democracia no es solo un mecanismo electoral, sino un sistema capaz de resolver problemas concretos. Ello implica reformas en justicia, educación, seguridad y lucha contra la corrupción, orientadas a reconstruir la confianza ciudadana.
El futuro del Perú dependerá de una estrategia que combine autoridad democrática, crecimiento económico y cohesión social. La derrota del extremismo no se logrará únicamente impidiendo su retorno, sino construyendo un Estado tan legítimo y eficiente que no deje espacio para proyectos autoritarios.
El país se encuentra ante una oportunidad histórica. La tarea no es solo administrar la crisis, sino transformar sus lecciones en reformas duraderas. Una república sólida no se sostiene en discursos, sino en instituciones que funcionen, autoridades responsables y ciudadanos que confíen en la democracia.
La verdadera victoria del Perú será alcanzar un equilibrio donde libertad y seguridad no sean objetivos opuestos, sino complementarios. El Estado debe proteger al ciudadano tanto de la violencia como del abuso de poder, garantizando derechos y orden al mismo tiempo.
La historia juzgará a esta generación por su capacidad de convertir décadas de crisis en una etapa de madurez republicana. El desafío es construir un país donde la ley prevalezca sobre la fuerza; las instituciones, sobre los intereses particulares; y la democracia, sobre cualquier forma de autoritarismo.
Ese será el verdadero triunfo nacional: una democracia estable, una economía dinámica y un Estado capaz de garantizar seguridad, justicia y prosperidad para todos los peruanos.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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