César Novoa Columnas

Microfinanzas y creación de valor: la deuda pendiente del costo del crédito

La inclusión financiera será plenamente transformadora cuando el capital recibido eleve la productividad, fortalezca el patrimonio y deje al emprendedor en una posición económica superior después de pagar la deuda. Durante las últimas décadas, las microfinanzas han representado una de las innovaciones institucionales más importantes del desarrollo económico peruano.
Su principal contribución ha sido acercar capital, ahorro y servicios financieros a millones de emprendedores tradicionalmente excluidos de la banca convencional.
Ese logro merece reconocimiento. Sin embargo, el debate debe evolucionar. El acceso al crédito constituye el inicio del proceso, pero no demuestra, por sí mismo, inclusión productiva ni creación de valor. La pregunta decisiva es otra:
¿La rentabilidad generada por el financiamiento supera el costo efectivo total que asume el emprendedor?
Desde la teoría financiera, existe creación de valor cuando el rendimiento incremental de una inversión excede el costo del capital utilizado, considerando el riesgo asumido. Aplicado a las microfinanzas, el crédito crea valor cuando permite aumentar productividad, márgenes, flujo de caja y patrimonio en una proporción superior al pago de intereses, comisiones, seguros y demás costos asociados.
Esta precisión modifica profundamente la forma de evaluar el éxito del sistema. Desembolsar más, ampliar la cartera o mantener bajos niveles de morosidad son indicadores esenciales para la institución financiera; pero resultan insuficientes para conocer qué ocurrió con el prestatario.
Un emprendedor puede vender más, pagar puntualmente y, aun así, debilitarse económicamente. Puede cumplir sus cuotas reduciendo inventarios, postergando pagos, utilizando ahorros familiares o contratando una nueva deuda. Por ello, la puntualidad acredita cumplimiento financiero, pero no necesariamente prosperidad empresarial.
El costo del crédito como problema estructural
Al 29 de julio de 2026, la SBS reportaba una tasa de interés promedio anual de 60,12% en moneda nacional para los créditos a la microempresa. La propia institución precisa que estas tasas poseen carácter referencial porque corresponden al promedio de operaciones con distintos montos, plazos, entidades y perfiles de riesgo; tampoco equivalen necesariamente a la TCEA individual que paga cada cliente. Aun con esta precisión metodológica, la cifra evidencia la magnitud del desafío.
Sería simplista atribuir ese costo exclusivamente al margen financiero. El microcrédito incorpora gastos de fondeo, originación, evaluación, seguimiento, cobranza, provisiones, capital regulatorio y pérdidas esperadas. También enfrenta montos pequeños, dispersión territorial, informalidad, ausencia de garantías y limitada información verificable.
La tasa es, en gran medida, el precio monetario de la incertidumbre.
Cuando el negocio no registra sus ventas, mezcla la caja familiar con la empresarial, desconoce sus costos o carece de historial transaccional, la entidad dispone de menos evidencia para evaluar su capacidad real. Esa asimetría de información se traduce en mayor riesgo percibido, menores plazos, mayores garantías o tasas más elevadas.
La OCDE señala que las mipymes representan alrededor del 99% de las empresas y el 85% del empleo en el Perú, pero muchas operan informalmente o enfrentan fuertes restricciones de financiamiento, diferenciales elevados de tasas y exigencias de garantías.
Por tanto, el costo del crédito no debe analizarse aisladamente. Está relacionado con productividad, formalidad, calidad de información, competencia, tecnología y capacidad institucional.
Del crecimiento nominal al valor económico
El crédito no genera valor por el solo hecho de convertirse en ventas. Puede financiar inventarios de baja rotación, activos subutilizados, gastos personales o pérdidas recurrentes. En esos casos, el negocio puede crecer nominalmente mientras disminuye su valor económico.
La ecuación conceptual es clara:
Rentabilidad incremental superior al costo total del financiamiento: creación de valor.
Rentabilidad incremental inferior al costo total del financiamiento: transferencia o destrucción de valor.
Esta distinción exige evaluar el destino del crédito y no únicamente la capacidad inmediata de pago. Un préstamo para capital de trabajo, una inversión en equipos, una campaña estacional o una reestructuración financiera requieren plazos y estructuras diferentes.
El problema aparece cuando se estandarizan cuotas para negocios con ciclos de caja heterogéneos. Un comerciante, agricultor, productor, transportista o restaurante genera ingresos en momentos distintos. Cuando la cuota vence antes de que la inversión complete su ciclo de conversión en efectivo, incluso un proyecto rentable puede sufrir una crisis de liquidez.
Una nueva arquitectura para las microfinanzas
El siguiente estadio del sistema microfinanciero debería sustentarse en cinco transformaciones.
Primero, bancabilidad progresiva. El buen comportamiento, la formalización y la información acumulada deben traducirse gradualmente en menores tasas, mayores plazos y mejores productos.
Segundo, evaluación del valor potencial. Además de estimar si el cliente puede pagar, debe analizarse si la inversión financiada puede generar un retorno superior a su costo.
Tercero, productos alineados con el ciclo del negocio. Monto, plazo, frecuencia y periodo de gracia deben responder a la realidad económica del emprendimiento.
Cuarto, eficiencia tecnológica transferida al cliente. La inteligencia artificial, los datos alternativos, los pagos digitales, la facturación electrónica y las finanzas abiertas pueden reducir costos de evaluación y seguimiento. La innovación será inclusiva cuando parte de esa eficiencia se refleje en mejores condiciones financieras.
Quinto, acompañamiento poscrédito. El seguimiento debería medir ventas, márgenes, productividad, liquidez y patrimonio, además del cumplimiento de la cuota.
Los programas de garantías, crédito y factoring del Fondo Crecer muestran que existen mecanismos para compartir riesgos y ampliar el financiamiento productivo. Su impacto dependerá de la escala alcanzada, la adecuada focalización y la medición efectiva del valor generado por las empresas beneficiarias.
La métrica que falta
El sistema necesita complementar sus indicadores tradicionales con una nueva generación de métricas:
• rentabilidad incremental del capital financiado;
• variación del margen operativo;
• crecimiento del flujo de caja;
• incremento patrimonial;
• productividad por trabajador;
• sostenibilidad empresarial;
• reducción progresiva del costo del crédito.
El indicador superior debería ser:
Valor económico neto que conserva el emprendedor después de remunerar su trabajo, cubrir el riesgo empresarial y pagar el costo total del financiamiento.
Tras más de 25 años de experiencia en finanzas, microfinanzas, riesgos y dirección empresarial, considero que el sistema peruano ha cumplido una primera misión histórica: democratizar el acceso al crédito.
Ahora debe asumir una segunda misión, más exigente: convertir ese acceso en productividad, rentabilidad, patrimonio y movilidad empresarial sostenible.
El futuro de las microfinanzas no se definirá únicamente por cuánto dinero logren colocar, sino por cuánto valor ayuden a conservar y multiplicar en cada emprendimiento.
Cuando esa creación de valor pueda medirse de forma positiva, recurrente y verificable, podremos afirmar que el sistema no solo financió actividades económicas: contribuyó a construir empresas, patrimonio familiar y desarrollo para el país.
César Augusto Novoa Chávez
Economista, MBA por ESAN y CEO de NOZA INVESTMENT COMPANY S.A.C. – Perú. Especialista en finanzas, microfinanzas, estrategia, riesgos y creación de valor. Docente de posgrado en UTP, UPC y UPN.

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César Augusto Novoa Chávez
CEO de NOZA Investment Company SAC Perú y un líder estratégico con más de 25 años impulsando crecimiento, innovación y transformación en entornos altamente competitivos. Su trayectoria integra finanzas, gestión de riesgos, tecnología y dirección comercial, con posiciones clave en Derrama Magisterial, Banco Azteca / Grupo Salinas y Banco del Trabajo. Reconocido por convertir la visión en ejecución, diseña e implementa modelos escalables orientados a valor, rentabilidad y sostenibilidad. Es docente internacional de posgrado y columnista. Economista (Universidad Nacional de Piura) y MBA (ESAN), con especializaciones en Riesgos Financieros (ESAN & Tecnológico de Monterrey), Transformación Digital & Fintech (Copenhagen Business School) y Business Sustainability (University of London).

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