El trabajo que le espera a la nueva presidenta Fujimori es titánico, por decir lo menos. Tiene que lidiar en el corto plazo con la inseguridad ciudadana, la corrupción en todos los niveles del estado, la paralización de obras públicas por causa de la burocracia estatal, la tramitología y una larga lista de problemas. Si todo eso fuera poco, estamos a puertas de un Fenómeno del Niño que los expertos han vaticinado con una intensidad de fuerte a muy fuerte.
Estamos de acuerdo en que las cosas no se pueden seguir haciendo de la misma manera de siempre. Como bien decía el científico Albert Einsten: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.
Se tienen que aplicar reformas de segunda generación para cambiar la estructura del estado para volverlo más pequeño, ágil y eficiente. Además, el estado debe ser promotor y facilitador para la inversión privada que en nuestro país representa el 16% del PBI y es el 80% del total de la inversión que se realiza en el Perú.
Los encargados de llevar a cabo la visión de la presidenta y transformarla en políticas públicas son los ministros de estado nombrados recientemente. Si bien el actual gabinete presidido por Luis Gallarreta no tiene ni punto de comparación con los del gobierno de Castillo o Boluarte, que muchas veces más se parecían a una banda de criminales que a un gabinete de ministros, también es cierto que varios de los personajes nombrados nos crean dudas sobre su nivel de compromiso ante las profundas reformas que se deben implementar.
En esta columna iremos analizando los ministros y su rol al mando de los diferentes ministerios. Empezaremos con una de las carteras más importantes y críticas en el desarrollo del país, nos referimos al Ministerio de Trabajo, presidido por Juan Sheput.
Sheput es un político tradicional que se acomoda donde mejor le conviene. Fue miembro del Foro Democrático en el año 1996. Luego pasó a formar parte de las filas de Perú Posible con Alejandro Toledo, quien lo nombró ministro de Trabajo entre febrero y octubre del año 2005. Salió elegido congresista por el partido de PPK en el año 2016 hasta el 2019 cuando Vizcarra disolvió ilegalmente el congreso. En las pasadas elecciones fue candidato a senador en el partido de Carlos Alvarez, pero no salió elegido.
El día de hoy Sheput tiene la enorme responsabilidad de llevar a cabo una reforma laboral que permita volver competitiva a las empresas peruanas y a la vez reducir la informalidad laboral que bordea el 80% de la población económicamente activa (PEA).
Sin embargo, los primeros anuncios de Sheput lamentablemente no van en esa línea. Se ha anunciado que no se reducirá el excesivo número de feriados que tenemos en el país, varios de los cuales fueron creados de manera antitécnica por el último Congreso. También se ha anunciado que no se reducirán los beneficios laborales de los trabajadores a la vez que se aumentará el sueldo mínimo.
Es una locura pensar que se puede hacer una reforma laboral para reducir la informalidad dejando todo igual. ¿Cómo se puede incentivar la contratación formal de trabajadores con el régimen laboral inflexible que tenemos, con los altos costos extra laborales y con la baja productividad de la fuerza laboral?
Desde esta columna hemos explicado en más de una ocasión que la base de cualquier reforma laboral tiene que empezar por eliminar la estabilidad laboral tal y como se tiene planteada en el país. La actual legislación impide despedir a un trabajador no importa la razón. Por otro lado, la gran cantidad de feriados y días de vacaciones hacen que en un país donde se tiene que trabajar más, trabajemos menos que en países desarrollados.
Además, se deben eliminar las miles de regulaciones creadas en los últimos años que hacen casi imposible su complimiento por parte de empresas formales pequeñas y medianas. Los empresarios perdemos 20% de nuestro tiempo en cumplir con todos los requerimientos y solicitudes de información de parte de SUNAFIL para evitar ser penalizados con multas astronómicas en lugar de dedicar ese tiempo a nuestras empresas, lo que a su vez genera más riqueza, más trabajos y más impuestos para el fisco.
Al ministro Sheput también le espera un gran reto en reorganizar ESSALUD para convertirlo en lo que debería ser: un prestador de salud para los millones de trabajadores que están en planilla y cuyas empresas pagan por ellos. Los políticos creen que ESSALUD le pertenece al estado, cuando la realidad es que ESSALUD le pertenece a las miles de empresas que pagan por la atención de sus trabajadores.
Las reformas laborales seguramente son impopulares y generarán rechazo por una parte de la población, pero al final son la única manera de reducir la informalidad creando puestos de trabajo formales y mejor pagados.
Parafraseando al presidente Javier Milei, es imposible cambiar con los mismos políticos haciendo lo mismo de siempre.
Uri Landman
Gerente General de Motorama S.A., empresa fundada hace más de 60 años en el Perú, dedicada a la distribución y comercializamos de repuestos para la marca Ford a nivel nacional. Bachiller en ingeniería mecánica de la Universidad de Miami (1992), Grado de maestría en ingeniería mecánica con especialización en motores de combustión interna en la universidad de Miami (1994). Desde hace tres años colabora como analista político en varios portales web como lampadia, café viena y la abeja. También colabora con la edición impresa de El Tiempo de Piura. Ha colaborado con publicaciones en la versión digital de Expreso y Montonero.


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