La globalización no ha desaparecido; ha cambiado de naturaleza. El poder internacional se disputa mediante aranceles, sanciones, controles tecnológicos, monedas, minerales críticos y cadenas de suministro. La geoeconomía se convirtió en una dimensión de la seguridad nacional. Christine Lagarde lo resumió en febrero del 2026: “El comercio es tanto una cuestión de seguridad como económica”. La economía mundial debe entenderse ahora como un escenario de competencia estratégica.
La confrontación más importante es la guerra económica entre Estados Unidos y China. Washington restringe tecnologías avanzadas y protege industrias estratégicas; Pekín acelera su autonomía tecnológica, utiliza su posición en minerales críticos y amplía sus vínculos financieros. La disputa por semiconductores, inteligencia artificial, tierras raras, baterías y energía puede fragmentar mercados que durante décadas funcionaron bajo reglas comunes. El objetivo ya no es solo vender: es controlar los puntos de estrangulamiento de la economía mundial.
Otra guerra económica se desarrolla alrededor de los aranceles y del proteccionismo industrial. Estados Unidos utiliza barreras comerciales como instrumento de negociación y seguridad económica, mientras que Europa y otras potencias protegen sectores sensibles frente a la competencia china. Cada medida genera respuestas. La Organización Mundial del Comercio advierte que el comercio mundial enfrenta una desaceleración en el 2026 y que los conflictos geopolíticos y la energía pueden profundizarla. En el primer trimestre, sin embargo, el comercio de mercancías creció un 3,2 % interanual, impulsado por bienes vinculados con la inteligencia artificial.
Otra disputa se libra por los minerales críticos. China mantiene una posición dominante en el refinado de varias tierras raras, mientras que Estados Unidos, Europa, Japón y Corea buscan cadenas alternativas. América Latina ocupa una posición estratégica: Chile, Perú y México representan aproximadamente el 37 % de la producción mundial de cobre. La región puede beneficiarse de la competencia entre potencias, pero también repetir el patrón de exportar recursos e importar tecnología.
Para el Perú, esta coyuntura es una oportunidad y un riesgo. El cobre coloca al país en el centro de la transición energética, pero la dependencia de pocos mercados expone las exportaciones, la inversión y las cuentas fiscales a desaceleraciones, aranceles y precios globales. China seguirá siendo un socio decisivo; Estados Unidos conserva importancia comercial, financiera y tecnológica. La estrategia correcta es ampliar el margen de maniobra nacional.
El Perú necesita convertir sus recursos en poder económico. Eso exige diversificar mercados hacia India, Japón, Corea y Europa; promover la refinación, el procesamiento y el reciclaje; atraer inversión con transferencia tecnológica; proteger puertos, energía, telecomunicaciones y redes digitales; y crear inteligencia económica para anticipar sanciones y crisis.
Pero la soberanía económica también se construye internamente. La inseguridad, la corrupción, la informalidad, la conflictividad social y la incertidumbre regulatoria reducen nuestra capacidad para atraer capital y negociar desde una posición fuerte. La política minera debe combinar competitividad, protección ambiental y desarrollo regional.
La conclusión es inequívoca: el Perú no puede impedir las guerras económicas de las grandes potencias, pero sí decidir cuánto lo afectan. La hoja de ruta debe ser diversificar, agregar valor, proteger, innovar y negociar. En la nueva arquitectura del poder global, un país soberano no es el que se aísla, sino el que reduce dependencias, domina capacidades estratégicas y conserva opciones. Si el Perú transforma sus recursos en industria, tecnología, infraestructura y diplomacia económica, dejará de ser un territorio disputado por las potencias y se convertirá en un actor capaz de defender y proyectar sus propios intereses.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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