El mundo está entrando en una nueva era demográfica. La población vive más, nacen menos niños y las sociedades envejecen. Aunque Europa atravesó primero esta transición, América Latina la está recorriendo con mayor velocidad y con una diferencia decisiva: todavía no ha alcanzado los niveles de ingreso, productividad y protección social de las economías desarrolladas. La CEPAL estima que las personas de 60 años o más representarán una cuarta parte de la población regional en el 2050. El envejecimiento dejó de ser una cuestión del futuro: es una variable central del crecimiento y de la estabilidad fiscal.
El Perú participa plenamente de esta transformación. Aún cuenta con una población relativamente joven y una elevada proporción de personas en edad de trabajar, pero esa ventaja comienza a agotarse. La edad mediana, cercana a 25 años en el 2005, ronda actualmente los 31 y podría aproximarse a 38 hacia el 2050. Los menores de 15 años, cerca del 24 % de la población, disminuirían al 17 %, mientras que las personas de 65 años o más pasarían de alrededor del 8 % al 14 %, superando los cinco millones.
El problema no es envejecer, sino hacerlo antes de haber elevado suficientemente la productividad. Según el BCRP, el bono demográfico aportó alrededor de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento anual del PBI per cápita durante las últimas seis décadas. Ese aporte cayó a 0,24 puntos entre el 2010 y el 2020 y se proyecta en apenas 0,13 puntos para 2020–2030. La demografía dejará progresivamente de impulsar el crecimiento. La productividad tendrá que ocupar su lugar.
La lógica económica es implacable. Mientras aumenta el número de trabajadores, una economía puede crecer incluso con productividad modesta. Cuando esa oferta laboral deja de expandirse, cada trabajador debe producir más. El Perú enfrenta esa transición con una informalidad cercana a siete de cada diez trabajadores. Millones de personas no acumulan aportes previsionales suficientes y laboran en actividades de baja productividad. La informalidad de hoy puede convertirse en pobreza previsional mañana.
El envejecimiento también elevará la demanda de pensiones, salud, medicamentos y cuidados de larga duración. Las familias tendrán menos miembros disponibles para sostener a sus mayores, mientras que el Estado enfrentará mayores obligaciones. Sin una reforma previsional sostenible y un sistema nacional de cuidados, la presión recaerá sobre trabajadores, contribuyentes y hogares.
Sin embargo, el Perú todavía conserva una ventana de oportunidad. Sus reservas internacionales, su posición como productor de cobre y otros minerales estratégicos, y la creciente competencia económica y tecnológica entre Estados Unidos y China ofrecen condiciones favorables para atraer inversión, diversificar mercados y fortalecer cadenas productivas. La oportunidad exige pragmatismo externo y capacidad interna: las ventajas geoeconómicas solo sirven si se transforman en infraestructura, capital humano y productividad.
La agenda debe ser concreta: mejorar la educación, modernizar infraestructura, acelerar la digitalización y automatización, reducir barreras burocráticas, facilitar la formalización y reformar la gestión pública. Paralelamente, debe construirse un sistema previsional que premie el ahorro de largo plazo y amplíe la cobertura.
La ventana demográfica no permanecerá abierta indefinidamente. El Perú debe convertir sus últimos años de bono demográfico en un bono económico basado en productividad, inversión y empleo formal. No se trata solo de crecer más, sino de construir desde ahora la capacidad fiscal, productiva e institucional que exigirá una sociedad más longeva. Cada año perdido reduce el margen de maniobra y encarece las reformas futuras.
Envejecer es un logro social; envejecer sin haberse desarrollado sería una crisis anunciada. Si el país no actúa, la factura recaerá sobre menos trabajadores, mayores impuestos, pensiones insuficientes y familias sobrecargadas. Si actúa con decisión, todavía puede transformar la transición demográfica en una oportunidad de prosperidad compartida. El momento de elegir entre ambas rutas no será cuando el envejecimiento haya culminado, sino ahora, mientras aún existe una fuerza laboral numerosa y recursos para invertir en el futuro.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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