La defensa nacional no comienza en un avión de combate, un sistema de misiles o un vehículo blindado, sino en el soldado que permanece de guardia, patrulla una frontera, auxilia a una comunidad o cumple una misión de emergencia. Es el hijo uniformado del pueblo: proviene de todos los niveles socioeconómicos y, al vestir el uniforme, representa a toda la nación. Sin ese componente humano, la tecnología pierde eficacia y la estrategia queda reducida a un diseño.
En un escenario marcado por guerras prolongadas, competencia entre potencias y amenazas híbridas, los Estados buscan Fuerzas Armadas profesionales, preparadas y disponibles. El personal militar constituye una capacidad estratégica, pero esa importancia no siempre se refleja en la compensación de quienes ocupan los niveles más bajos de la estructura castrense.
Estados Unidos ofrece una referencia. En el 2026, un militar alistado E-1 recibe un sueldo básico de US$ 2.407,20 mensuales, sin incluir vivienda, alimentación ni otros beneficios. Aunque no es comparable directamente con un conscripto, evidencia el valor económico asignado al personal profesional.
En Chile, el Servicio Militar 2026 contempla aproximadamente US$ 251 mensuales durante el primer año y US$ 265 durante el segundo; con asignaciones de zona, los montos pueden alcanzar US$ 431 y US$ 454. En Colombia, la bonificación mensual llega aproximadamente a US$ 574. Son regímenes distintos, pero muestran una compensación mayor para quienes cumplen funciones militares temporales.
El Perú actualizó en el 2026 las asignaciones del Servicio Militar Acuartelado. Un soldado, grumete o avionero recibe S/ 384, aproximadamente US$ 115; un cabo o marinero, S/ 438, unos US$ 131; un sargento segundo o cabo segundo, S/ 493,50, alrededor de US$ 147; y un sargento primero o cabo primero, S/ 547,50, unos US$ 163.
La comparación exige cautela. Estados Unidos muestra un sueldo profesional; Chile y Perú, asignaciones de servicio militar; Colombia, una bonificación de conscripción. Las cifras tampoco incluyen necesariamente alojamiento, alimentación, salud, vestuario y otros beneficios. Sin embargo, plantean una pregunta fundamental: ¿qué valor asigna el Estado peruano al tiempo, la disponibilidad y el sacrificio de sus soldados?
El joven que ingresa al cuartel posterga estudios o empleo y queda disponible para misiones de riesgo. Participa en vigilancia fronteriza, apoyo ante desastres y operaciones de emergencia. La distancia entre sus responsabilidades y su compensación resulta difícil de justificar.
El Perú también debe considerar un servicio militar obligatorio, regulado, temporal y respetuoso de los derechos fundamentales cuando las necesidades estratégicas lo exijan. No se trata de utilizar al conscripto como mano de obra barata ni como sustituto permanente de la Policía, sino de contar con una reserva humana capaz de enfrentar emergencias, proteger el territorio y sostener la respuesta estatal.
Si se requiere incrementar los efectivos, debe definirse cuántos soldados se necesitan, para qué misiones, durante cuánto tiempo y con qué presupuesto. Más personal sin infraestructura, equipamiento, instrucción y supervisión no garantiza una fuerza más eficaz.
La reforma debe incluir asignaciones vinculadas al costo de vida, bonificaciones por riesgo y especialización, atención médica y formación técnica certificada. Las competencias adquiridas en logística, mantenimiento, comunicaciones, primeros auxilios y gestión de emergencias deben facilitar la inserción laboral posterior.
El patriotismo no puede trasladar silenciosamente los costos a las familias. Si el soldado es el hijo uniformado del pueblo, su dignidad es una responsabilidad colectiva. La hoja de ruta exige servicio obligatorio cuando sea necesario, compensación digna, planificación, formación certificada y evaluación pública. Solo así el Perú cerrará la brecha entre lo que exige al soldado y lo que está dispuesto a pagar por su servicio.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


0 comments on “El precio del valor: la brecha entre las responsabilidades del soldado y su compensación”