Una propuesta de política pública 360° para anticipar el riesgo climático, proteger a las MIPYME, preservar la estabilidad financiera y convertir vulnerabilidad en formalización, productividad y desarrollo
El Fenómeno El Niño debería dejar de analizarse únicamente como una emergencia climática. Sus efectos pueden trasladarse rápidamente desde el territorio hacia la producción, la logística, el empleo, el flujo de caja, la capacidad de pago y la calidad de cartera. Estamos, por tanto, frente a un riesgo con capacidad de transmisión climática, económica, financiera y social.
La pregunta central ya no debería ser solamente qué hacer después del daño, sino cuánto riesgo podemos identificar, prevenir, transferir y financiar antes de que se materialice.
Reactiva Perú dejó una lección institucional importante: frente a un shock extraordinario, el Estado, el BCRP, COFIDE, la SBS y el sistema financiero pueden coordinar garantías, liquidez, regulación y distribución crediticia para preservar empresas y la cadena de pagos. El desafío actual es evolucionar esa experiencia hacia una arquitectura más preventiva, focalizada e inteligente.
El Fenómeno El Niño presenta, además, una ventaja respecto de otros shocks: buena parte de su exposición puede georreferenciarse y modelarse.
El Perú podría construir un Mapa Nacional de Vulnerabilidad Financiera Climática, integrando información de SENAMHI, CENEPRED, SBS, SUNAT y entidades financieras. El cruce de territorio, amenaza climática, actividad económica, cartera crediticia, infraestructura crítica y capacidad de recuperación permitiría identificar anticipadamente qué empresas, sectores y entidades financieras enfrentan mayor exposición.
La supervisión podría evolucionar desde observar exclusivamente la mora histórica hacia anticipar pérdidas potenciales bajo escenarios climáticos.
Las MIPYME deberían ocupar el centro de esta estrategia. Una pequeña empresa puede ser rentable y buen pagador, pero perder temporalmente capacidad de pago por interrupciones logísticas, inundaciones o pérdida de inventarios. Confundir iliquidez temporal con insolvencia estructural puede destruir empresas viables.
La respuesta debería combinar reprogramación preventiva, períodos de gracia técnicamente sustentados, capital de trabajo, garantías parciales, seguros y crédito de recuperación. Pero debe comenzar antes del impacto.
Un Crédito de Resiliencia Productiva permitiría financiar protección de activos, drenajes, almacenamiento, energía alternativa, digitalización, diversificación de proveedores y continuidad operacional. Prevenir una pérdida puede ser mucho más eficiente que financiar posteriormente su reconstrucción.
El riesgo extraordinario tampoco debería recaer íntegramente sobre un solo actor. La arquitectura debe compartirlo entre empresa, entidad financiera, aseguradora, reaseguradora y Estado. Las garantías públicas deberían ser temporales, parciales y diferenciadas según tamaño empresarial, ubicación, vulnerabilidad, historial crediticio y capacidad de recuperación. La entidad financiera debe conservar riesgo propio para preservar la disciplina de evaluación.
Existe, además, una oportunidad mayor: convertir la resiliencia en una puerta hacia la formalización.
Miles de microempresas permanecen fuera del sistema financiero, asegurador y tributario. En lugar de concebir la formalización exclusivamente como obligación, debería convertirse en acceso a beneficios concretos: cuenta empresarial, pagos digitales, seguro, capacitación, historial financiero y mejores condiciones crediticias.
La secuencia sería:
formalización → información → historial → menor incertidumbre → mayor acceso financiero → inversión → productividad → empleo → crecimiento.
El Fenómeno El Niño también puede afectar simultáneamente a miles de clientes de una misma institución. Por ello, la SBS debería profundizar las pruebas de estrés climático y los mapas de concentración de cartera por territorio, actividad y severidad esperada.
Cada entidad debería conocer anticipadamente cuánto de su cartera está expuesto, dónde se concentra, cuál sería la pérdida esperada y qué impacto tendría sobre liquidez, provisiones, rentabilidad y solvencia.
La política pública debería operar en tres momentos:
Antes: prevención, adaptación, seguros y financiamiento resiliente.
Durante: liquidez, capital de trabajo, reprogramaciones selectivas y garantías focalizadas.
Después: reconstrucción, reposición de activos y normalización financiera.
El cambio es pasar de:
desastre → emergencia → gasto → reconstrucción
a:
predicción → identificación → prevención → protección → financiamiento → recuperación.
El Perú tampoco necesita necesariamente crear más burocracia. Necesita conectar mejor sus instituciones. El MEF puede liderar la arquitectura fiscal y las garantías; el BCRP, dentro de su autonomía, preservar la liquidez; la SBS, supervisar riesgos; COFIDE, estructurar mecanismos de segundo piso; SENAMHI y CENEPRED, aportar inteligencia climática; SUNAT, facilitar interoperabilidad y formalización; y el sistema financiero, ejecutar competitivamente.
Toda intervención debe ser digital, trazable y auditable. El éxito debería medirse por empresas preservadas, empleos protegidos, pérdidas evitadas, MIPYME formalizadas, recuperación de cartera y costo fiscal efectivo, y no únicamente por recursos desembolsados.
También debe existir una regla de salida. Conforme desaparece el riesgo extraordinario, disminuyen las garantías y flexibilidades; la empresa retorna al financiamiento comercial ordinario y el Estado se retira progresivamente.
El verdadero salto consiste en reconocer que el Fenómeno El Niño no es solamente un riesgo climático; puede convertirse en un riesgo financiero sistémico, territorialmente identificable, cuantificable, parcialmente transferible y gestionable.
La siguiente generación de política pública debería comenzar antes de que una empresa deje de pagar: cuando sabemos que existe una probabilidad material de que deje de producir.
Porque proteger la capacidad de pago empieza por proteger la capacidad de producir.
Ese puede ser el verdadero salto del Perú: convertir vulnerabilidad climática en resiliencia, inclusión, formalización, productividad y desarrollo.
César Augusto Novoa Chávez
CEO de NOZA Investment Company SAC Perú y un líder estratégico con más de 25 años impulsando crecimiento, innovación y transformación en entornos altamente competitivos. Su trayectoria integra finanzas, gestión de riesgos, tecnología y dirección comercial, con posiciones clave en Derrama Magisterial, Banco Azteca / Grupo Salinas y Banco del Trabajo. Reconocido por convertir la visión en ejecución, diseña e implementa modelos escalables orientados a valor, rentabilidad y sostenibilidad. Es docente internacional de posgrado y columnista. Economista (Universidad Nacional de Piura) y MBA (ESAN), con especializaciones en Riesgos Financieros (ESAN & Tecnológico de Monterrey), Transformación Digital & Fintech (Copenhagen Business School) y Business Sustainability (University of London).


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