Las naciones no se sostienen únicamente sobre fronteras, tratados y documentos diplomáticos. Se sostienen, sobre todo, sobre la memoria de sus ciudadanos, la fortaleza de sus instituciones y la voluntad colectiva de preservar aquello que consideran esencial. Por eso, cada 28 de agosto, Tacna no solo recuerda su reincorporación al Perú. Nos recuerda que una patria puede atravesar las circunstancias más adversas cuando sus ciudadanos conservan intacto el sentido de pertenencia.
La reincorporación de Tacna, ocurrida el 28 de agosto de 1929, después de 46 años de administración chilena, fue mucho más que un acto jurídico. Fue la culminación de una resistencia prolongada en la que familias, maestros, mujeres y organizaciones civiles mantuvieron viva la identidad peruana. La Procesión de la Bandera sintetiza esa voluntad: un símbolo que nació de la adversidad y terminó convirtiéndose en una de las expresiones cívicas más poderosas del país.
Pero detrás de esa historia existe otra figura que merece ser recordada con especial respeto: el soldado peruano. Para él, la patria no era una palabra abstracta. Era la tierra que debía defender, la bandera que debía custodiar y el pueblo por el cual estaba dispuesto a sacrificarse. En los momentos más difíciles de nuestra historia, miles de soldados cumplieron su deber, aun sabiendo que podían no regresar. Su ejemplo constituye una lección de responsabilidad que trasciende el ámbito militar.
El soldado representa una virtud que el Perú necesita recuperar: el sentido del deber. No se trata de trasladar la lógica militar a la vida civil, sino de comprender que toda sociedad necesita ciudadanos dispuestos a cumplir responsabilidades, aun cuando hacerlo resulte difícil. La defensa de la patria, en el siglo XXI, también significa combatir la corrupción, rechazar la violencia criminal, proteger nuestras fronteras, defender la democracia y exigir instituciones eficaces.
Aquí adquiere especial significado el pensamiento de Jorge Basadre, hijo ilustre de Tacna, quien definió al Perú como «un problema y una posibilidad». La frase mantiene una extraordinaria vigencia. Tenemos problemas reales: inseguridad, corrupción, fragmentación política, desigualdad, informalidad y desconfianza institucional. Pero también tenemos una posibilidad: convertir nuestras dificultades en el punto de partida de una renovación nacional.
Ya es hora de que los peruanos comprendamos que ninguna nación puede avanzar permanentemente enfrentada consigo misma. Podemos tener diferencias políticas, ideológicas y sociales; lo que no podemos permitir es que esas diferencias destruyan aquello que nos une. La unidad nacional no significa pensar igual. Significa reconocer que existen objetivos superiores: preservar la libertad, fortalecer la República, proteger el territorio, generar oportunidades y garantizar un futuro digno para nuestros hijos.
El Escudo Nacional, la bandera de Tacna y la memoria del soldado forman así una misma pedagogía republicana. Nos recuerdan de dónde venimos, pero también hacia dónde debemos dirigirnos. La pregunta no es cuánto admiramos a quienes nos precedieron, sino cuánto estamos dispuestos a hacer para que su sacrificio no haya sido inútil.
Hoy nos corresponde demostrar que la patria no se honra únicamente con discursos, ceremonias o banderas, sino con decisiones y conductas concretas. Frente a la corrupción, la inseguridad, la división y la indiferencia, los peruanos debemos recuperar el sentido del deber, unirnos en torno al bien común y asumir que el futuro del país también depende de cada uno de nosotros. Tacna resistió para no dejar morir su identidad; el soldado combatió para protegerla. Ahora es nuestro turno: convertir esa memoria en acción, superar nuestras diferencias y construir juntos un Perú más justo, fuerte y digno. La patria que recibimos será, finalmente, la patria que sepamos defender hoy.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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