Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Sensatez o negación permanente: el Perú necesita acuerdos, no confrontación

El Perú atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La confrontación política se ha convertido en la regla y no en la excepción. Mientras el país enfrenta problemas estructurales como la inseguridad ciudadana, la informalidad, la pobreza, la crisis del sistema de salud y las enormes brechas en educación e infraestructura, gran parte del debate público sigue atrapado en una dinámica de confrontación permanente.

Los grupos de oposición tienen el legítimo derecho de fiscalizar, cuestionar y plantear alternativas. Esa es la esencia de una democracia. Sin embargo, cuando la oposición fundamenta su estrategia únicamente en el rechazo sistemático, en narrativas polarizantes o en el enfrentamiento constante, el riesgo es que se pierda de vista el objetivo principal: resolver los problemas de fondo que afectan a millones de peruanos.

En ese contexto, la delegación de facultades al Ejecutivo no debe interpretarse como un cheque en blanco. La Constitución contempla estos mecanismos para atender situaciones que requieren respuestas oportunas. Precisamente por ello, el control político del Congreso, la fiscalización de los organismos competentes y la vigilancia de la ciudadanía continúan siendo indispensables para garantizar la transparencia y el respeto al Estado de derecho.

No obstante, negar cualquier iniciativa antes de evaluar sus alcances también debilita la gobernabilidad. El país necesita instituciones capaces de dialogar, construir consensos y asumir responsabilidades compartidas. Gobernar no consiste únicamente en señalar errores, sino también en proponer soluciones viables y asumir el costo político de las decisiones necesarias.

La ciudadanía espera resultados concretos. La lucha contra la delincuencia, la reactivación económica, la generación de empleo formal, la mejora de los servicios públicos y la recuperación de la confianza institucional exigen coordinación entre los poderes del Estado. Ningún gobierno, por sí solo, podrá superar estos desafíos si predomina el bloqueo político sobre el interés nacional.

La sensatez implica reconocer que existen diferencias ideológicas legítimas, pero también comprender que el bienestar del Perú debe estar por encima de los intereses partidarios. El debate democrático fortalece a las instituciones cuando se desarrolla con argumentos, evidencia y propuestas, no cuando se alimenta del descrédito permanente o de la confrontación como estrategia política.

Conclusión

El Perú no necesita más polarización, sino liderazgo responsable. Las facultades delegadas representan una herramienta excepcional que debe ejercerse con responsabilidad, transparencia y rendición de cuentas, sin convertirse en un poder ilimitado. Al mismo tiempo, la oposición tiene la responsabilidad de fiscalizar con objetividad y contribuir al debate con propuestas que beneficien al país. La gobernabilidad no se construye mediante la negación permanente ni con la imposición absoluta, sino a través del equilibrio entre control democrático, diálogo político y decisiones orientadas al interés nacional. Solo así será posible enfrentar los desafíos que demandan los peruanos y fortalecer la democracia con resultados concretos.

Con mucho respeto y responsabilidad.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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