Una mirada prospectiva sobre la productividad, la innovación y las capacidades que necesita el país
El Perú inicia una nueva etapa política en un escenario que combina oportunidades y desafíos. El nuevo Gobierno ha solicitado facultades para legislar en materias vinculadas con seguridad, empleo, MYPE, desarrollo productivo, tributación, simplificación administrativa y modernización del Estado. Más allá del debate político que esta solicitud pueda generar, el momento invita a formular una pregunta de mayor trascendencia:
¿Qué debemos hacer hoy para construir el Perú que queremos tener en 2035?
La pregunta es pertinente porque nuestro país posee condiciones que pueden convertirse en una plataforma para una nueva etapa de desarrollo. La estabilidad macroeconómica, la apertura comercial, los recursos naturales, la capacidad empresarial y el potencial de sectores como la minería, la agroexportación y los servicios constituyen fortalezas que debemos aprovechar, sin embargo, tener ventajas no garantiza desarrollo.
La productividad como nuevo horizonte
Durante las últimas décadas, buena parte del debate económico estuvo concentrado en cómo incrementar el crecimiento. Hoy debemos avanzar hacia una preocupación más profunda:
¿cómo elevar sostenidamente la productividad?
Una economía productiva no es aquella que simplemente produce más, sino aquella que logra generar mayor valor utilizando mejor sus recursos e incorporando conocimiento, tecnología, innovación y talento.
Esto exige mirar a nuestras empresas de manera diferente, las MYPE´s, que representan una parte fundamental de nuestra estructura empresarial, necesitan condiciones que les permitan crecer, acceder a financiamiento, incorporar tecnología, capacitar a sus trabajadores y vincularse con mercados de mayor valor.
Desde esta perspectiva, la formalización tampoco debería reducirse a una obligación tributaria o administrativa; debe convertirse en una oportunidad para crecer.
Una empresa que encuentra en la formalidad acceso a crédito, tecnología, mercados, capacitación y seguridad jurídica tiene mayores posibilidades de aumentar su productividad y generar empleo de calidad.
Un Estado que genere capacidades
La transformación económica requiere, necesariamente, un Estado capaz de acompañarla. No se trata simplemente de tener más normas, instituciones o procedimientos, sino de construir un Estado que pueda convertir decisiones en resultados.
Simplificar trámites, digitalizar servicios, interoperar información y utilizar inteligencia artificial son pasos importantes; pero la verdadera modernización ocurrirá cuando estas herramientas permitan reducir costos, acelerar inversiones, mejorar servicios públicos y tomar decisiones basadas en evidencia.
La tecnología puede modernizar los procesos; las capacidades humanas transforman las instituciones.
Por ello, el desarrollo del país también dependerá de la calidad de sus gestores, de la profesionalización del servicio público y de la capacidad de articular esfuerzos entre Estado, empresa, universidad y sociedad.
De nuestras ventajas a nuevos ecosistemas
El Perú posee recursos que pueden generar mucho más valor del que actualmente capturamos.
La minería puede impulsar innovación, industria y proveedores especializados. La agroexportación puede avanzar hacia la biotecnología, el procesamiento, la logística y las marcas internacionales. La Amazonía puede abrir nuevas posibilidades para la bioeconomía y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad.
La transición energética puede generar nuevas cadenas productivas y la inteligencia artificial puede permitir que nuestro talento participe en mercados internacionales de servicios y conocimiento.
El reto consiste en dejar de pensar el desarrollo como una suma de sectores independientes, por ello necesitamos construir ecosistemas donde empresas, universidades, Estado, tecnología, financiamiento y talento puedan conectarse para generar valor, esta mirada permite pasar de una economía que principalmente exporta recursos a una economía que desarrolla capacidades alrededor de ellos.
La oportunidad de pensar en 2035
El Perú tiene hoy una oportunidad que no debería desperdiciar.
Podemos continuar dependiendo de los ciclos internacionales y reaccionando ante cada coyuntura; podemos impulsar períodos de crecimiento sin modificar sustancialmente nuestra estructura productiva, o podemos utilizar las condiciones actuales para construir capacidades que permanezcan cuando cambien las circunstancias externas, siendo que esta última alternativa exige una visión de largo plazo, que implica elevar la productividad, fortalecer la inversión, reducir la informalidad, mejorar la infraestructura, desarrollar talento, promover innovación y construir un Estado capaz de generar resultados.
Las decisiones normativas que adopte el nuevo Gobierno pueden contribuir a este propósito si están articuladas con una visión nacional y son evaluadas por sus resultados, por ello, existe una pregunta sencilla, pero profunda, que debería acompañar cada reforma:
¿Qué capacidad del Perú estamos construyendo?
El desarrollo no se produce únicamente mediante crecimiento económico ni mediante nuevas leyes; se construye cuando un país aumenta su capacidad para producir, innovar, invertir, competir y generar oportunidades.
Perú 2035 no es una fecha distante, es el resultado acumulado de las decisiones que tomemos desde hoy, por eso, el desafío de esta nueva etapa no debería ser únicamente alcanzar un mayor crecimiento, debe ser convertir el crecimiento en desarrollo, las ventajas en capacidades y las capacidades en oportunidades para todos.
Ese es el Perú que debemos comenzar a construir.
Jaime Leopoldo Castro Calderón
Docente universitario, investigador y consultor en educación superior, sostenibilidad y transformación institucional. Su trabajo se centra en el análisis de los modelos universitarios contemporáneos, la transformación digital con enfoque estratégico y la evolución de la sostenibilidad hacia paradigmas regenerativos. Desarrolla investigación aplicada y prospectiva sobre gobernanza universitaria, innovación educativa y responsabilidad institucional en contextos de alta complejidad, articulando evidencia empírica reciente con reflexión teórica de alto rigor académico.


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