Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

El Perú y sus batallas: ganar la batalla cultural para construir una nación

El Perú enfrenta muchas batallas, contra la inseguridad, la informalidad, la corrupción, la pobreza, la desigualdad, la baja productividad y la fragilidad institucional. Pero existe una batalla anterior y más profunda, la batalla cultural. Sin ella, cualquier reforma económica, política o social corre el riesgo de ser solamente temporal.
Hablar de batalla cultural no significa imponer una ideología. Significa recuperar valores que permitan convivir, producir y progresar: respeto por la ley, mérito, esfuerzo, responsabilidad, libertad, solidaridad, propiedad, trabajo, familia, educación, identidad nacional y respeto por quien piensa diferente. Una sociedad que normaliza el incumplimiento, la violencia, el privilegio, la informalidad o la corrupción termina debilitando sus propias posibilidades de desarrollo.
Los países más cercanos ofrecen lecciones. Chile construyó durante décadas una cultura de estabilidad macroeconómica, institucionalidad y apertura que permitió ampliar oportunidades, aunque hoy enfrenta también el desafío de recomponer confianza y cohesión. Colombia ha demostrado la importancia de fortalecer la educación, la descentralización y la construcción de ciudadanía en un país profundamente diverso. Uruguay constituye un referente regional por la continuidad de sus instituciones, su educación pública y su cultura cívica. Ninguno es perfecto ni debe copiarse mecánicamente. La lección es que las naciones avanzan cuando convierten determinados valores en políticas de Estado y no en consignas electorales.
Perú tiene una ventaja extraordinaria: una historia milenaria, diversidad cultural, creatividad empresarial y una sociedad que ha demostrado capacidad para salir adelante aun cuando el Estado no estuvo a la altura. Pero esa energía necesita dirección. La OCDE reconoce avances importantes en educación peruana durante las últimas dos décadas, aunque advierte que las brechas de competencias, la desigualdad y la inestabilidad política todavía dificultan transformar las reformas en resultados sostenidos.
Por eso, la propuesta de un nuevo rumbo debe tener tres tiempos.
En el corto plazo, el Gobierno debe recuperar autoridad democrática y confianza: respeto irrestricto a la ley, lucha efectiva contra la corrupción y el crimen, recuperación de espacios públicos, educación cívica, fortalecimiento de la escuela y una campaña nacional por el respeto de las normas. Orden no significa autoritarismo; significa que la libertad necesita reglas y que las reglas deben cumplirse.
En el mediano plazo, debe construirse una verdadera política nacional de educación y cultura. Mejorar la formación docente, lectura, matemáticas, ciencia, tecnología, historia del Perú, educación constitucional y ciudadanía. Debemos formar jóvenes que sepan no solamente conseguir empleo, sino comprender su responsabilidad frente al país. El objetivo debe ser unir educación con productividad, innovación y movilidad social.
En el largo plazo, la batalla cultural debe convertirse en una política de Estado que sobreviva a los gobiernos. Una cultura de mérito, emprendimiento, legalidad, respeto institucional y solidaridad debe acompañar la economía social de mercado. La prosperidad no puede depender solamente de minerales, inversión o crecimiento, necesita ciudadanos preparados para defender las instituciones que hacen posible ese crecimiento.
El programa de Keiko Fujimori ha colocado como ejes el orden, la inversión, la modernización y la recuperación de la capacidad estatal. El desafío será demostrar que esas ideas pueden convertirse en una transformación cultural y no únicamente en un conjunto de medidas administrativas.
Conclusiones
El Perú no necesita otra guerra entre peruanos. Necesita ganar una batalla cultural contra aquello que nos divide, nos empobrece y destruye la confianza. La primera victoria será recuperar la idea de que cumplir la ley es una virtud, trabajar es una dignidad, educarse es una inversión y servir al país es una responsabilidad.
La seguridad permitirá vivir; la economía permitirá crecer; las instituciones permitirán gobernar. Pero la cultura permitirá sostener todo lo anterior.
El gran proyecto nacional debe ser pasar de una sociedad que sobrevive a una sociedad que progresa; de la confrontación permanente a la unidad en los temas de fondo; de la improvisación a la planificación. Corto plazo para recuperar el orden, mediano plazo para transformar la educación y largo plazo para construir ciudadanía.
Esa es la batalla que el Perú no puede perder, la batalla por recuperar la confianza en nosotros mismos y volver a creer que una nación unida, educada y responsable puede construir un futuro mucho mejor.con optimismo Rafael Aita Campodónico.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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