El sistema internacional ya no responde a una lógica dominada por una sola potencia. Estados Unidos conserva ventajas decisivas en finanzas, tecnología, seguridad y alianzas, mientras China amplía su peso industrial, comercial y tecnológico; India gana influencia y Rusia mantiene capacidades estratégicas. Más que un mundo dividido en dos bloques, emerge una competencia entre múltiples centros de poder por mercados, minerales críticos, energía, infraestructura, datos y rutas logísticas. Para el Perú, esta transformación no es únicamente un riesgo: es una oportunidad para reducir vulnerabilidades y aumentar su capacidad de decisión.
El problema central es que el país ingresa a esta nueva etapa con una estructura económica todavía dependiente de pocos productos y mercados. En 2025, las exportaciones mineras alcanzaron un récord de US$ 59 450 millones y el cobre continuó siendo el principal producto de exportación. Al mismo tiempo, China concentró el 35 % de las exportaciones peruanas, frente al 12 % de Estados Unidos. Estos datos revelan una fortaleza comercial, pero también una exposición que exige diversificación. La autonomía estratégica no consiste en sustituir una dependencia por otra, sino en construir alternativas.
La primera prioridad debe ser transformar la riqueza natural en capacidades nacionales. Exportar cobre, oro o productos agropecuarios sin desarrollar suficiente procesamiento, manufactura, tecnología y conocimiento limita el poder de negociación del Estado. El objetivo debe ser avanzar desde una economía extractiva hacia cadenas de valor que generen industria, empleo especializado, innovación y proveedores nacionales. La política minera, industrial, educativa y científica, por tanto, no puede diseñarse de manera aislada.
La segunda prioridad es convertir la posición geográfica del Perú en infraestructura de poder económico. El puerto de Chancay ya opera comercialmente y ha reducido de 35 a 25 días el tiempo estimado de transporte hacia Asia. En 2025, movilizó una parte significativa de las agroexportaciones hacia China. Pero un puerto no crea autonomía por sí mismo. Debe conectarse con carreteras, ferrocarriles, energía, telecomunicaciones, parques industriales y corredores productivos que permitan que las regiones participen en las cadenas globales de valor.
La tercera prioridad es proteger los sectores críticos. La energía, las telecomunicaciones, la infraestructura portuaria, los datos, los minerales estratégicos y las tecnologías sensibles requieren reglas claras de seguridad económica. La inversión extranjera debe ser bienvenida, pero acompañada de una adecuada evaluación de riesgos, transparencia contractual, competencia efectiva y capacidad regulatoria. El objetivo no es cerrar la economía, sino impedir que activos esenciales generen vulnerabilidades difíciles de revertir.
La cuarta prioridad es fortalecer la capacidad tecnológica del Estado y del sector privado. Sin ciencia, innovación, talento especializado y capacidad digital, el Perú seguirá comprando tecnología de alto valor y vendiendo recursos con menor nivel de transformación. La cooperación internacional debe orientarse a transferir conocimiento, formar capital humano y crear capacidades permanentes, no solamente a financiar infraestructura.
Finalmente, la diplomacia debe operar como un instrumento de autonomía. El Perú puede relacionarse simultáneamente con Estados Unidos, China, India, Japón, Corea del Sur, Europa, Australia y América Latina, siempre que establezca prioridades nacionales y preserve su capacidad de negociación. La multipolaridad amplía las opciones, pero solo beneficia a los países capaces de utilizarlas estratégicamente.
El desafío histórico es convertir recursos en capacidades, geografía en influencia, comercio en negociación y diplomacia en resultados. La autonomía estratégica no significa estar solo ni escoger un bloque: significa disponer de suficientes alternativas para decidir. Si el Perú articula diversificación comercial, industrialización, infraestructura, seguridad económica, ciencia y una diplomacia activa, podrá dejar de ser objeto de competencia externa para convertirse en un actor que participe, con mayor autonomía, en la configuración del nuevo orden internacional.
Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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