El secuestro más famoso de la era moderna en Estados Unidos es el del hijo del célebre aviador Charles Lindbergh, ocurrido el 1 de marzo de 1932. El menor, de veinte meses de edad, fue secuestrado de la casa familiar, al este de Nueva Jersey, donde los secuestradores dejaron una nota exigiendo 50.000 dólares por su liberación.
Durante el mes siguiente, Charles Lindbergh se comunicó con los criminales a través de un intermediario llamado John Condon, a quien estos hicieron llegar el pijama del niño como prueba de que lo tenían en su poder. Se negoció la entrega del dinero para el 2 de abril en el cementerio St. Raymond, en el barrio del Bronx. Condon entregó el dinero a cambio de información sobre el paradero del secuestrado, quien supuestamente se encontraba en un bote llamado “Nelly”, cerca de Martha’s Vineyard, en Massachusetts. Cuando Charles Lindbergh llegó al sitio indicado, no encontró a su hijo.
A pesar del fracaso de las negociaciones, la búsqueda del niño continuó de manera incansable por parte del padre y de la Policía hasta el 12 de mayo de ese año, cuando encontraron el cuerpo del menor en avanzado estado de descomposición, a menos de ocho kilómetros de la residencia de los Lindbergh. La autopsia reveló que el niño había fallecido por un golpe en la cabeza durante o inmediatamente después del secuestro.
El secuestro y el posterior descubrimiento del cuerpo sin vida del hijo de veinte meses de Lindbergh causaron una indignación generalizada en la sociedad estadounidense. El Congreso de ese país aprobó en 1932 la Ley Federal sobre el Secuestro, también conocida como Ley Lindbergh, que convirtió el secuestro en un delito federal cuando la víctima era trasladada de un estado a otro. Esto, a su vez, brindó autoridad al FBI (Federal Bureau of Investigation) para intervenir en estos crímenes.
En el Perú no somos ajenos a este flagelo. Todos hemos visto en la televisión nacional el secuestro del minero Jenns Lara y el asesinato a sangre fría de sus cuatro acompañantes cuando salían de una discoteca en Trujillo.
La madrugada del domingo 30 de agosto, Lara, acompañado de dos miembros de su seguridad y dos anfitrionas de la discoteca donde habían estado celebrando, fue intervenido en pleno centro de la ciudad de Trujillo por falsos policías que se desplazaban a bordo de una camioneta blanca. En un operativo con características militares, los criminales mataron a los cuatro acompañantes de Lara y lo sacaron esposado del vehículo para trasladarlo a la camioneta blanca, que utilizaron para escapar de la escena del crimen.
Las acciones y los errores del Gobierno y de la Policía para dar con los secuestradores y rescatar a Lara han demostrado el pésimo estado en el que se encuentran las fuerzas policiales y la escasa coordinación entre los diferentes niveles de gobierno.
El minero fue liberado el lunes 31 de agosto, tras permanecer más de 36 horas en manos de los secuestradores. Según la familia Lara, la Policía no intervino en el rescate del minero y fueron sus familiares quienes negociaron con los secuestradores el pago de alrededor de dos millones de dólares.
Ese mismo día, el Gobierno anunció la detención de cuatro individuos que supuestamente habían participado de manera directa en el secuestro. Sin embargo, surge la duda al comparar las características físicas de los detenidos, de baja estatura y contextura delgada, con las imágenes de los delincuentes que intervinieron en el secuestro, todos ellos altos y fornidos.
La semana pasada también fue detenido en La Paz, Bolivia, Jhonsson Smith Cruz Torres, jefe de la organización criminal “Los Pulpos”, quien tenía una orden de captura internacional y una sentencia a cadena perpetua por secuestro, extorsión y sicariato. Según la Policía, esta detención fue posible gracias a la información encontrada en el teléfono de uno de los detenidos en Trujillo.
Una de las consecuencias del desordenado proceder de la Policía y de los evidentes vacíos en la investigación ha sido la renuncia del comandante general de la PNP, Óscar Arriola. A la fecha, no se sabe a cabalidad si los detenidos y mostrados en televisión participaron de manera directa en el secuestro y los asesinatos. Tampoco se conoce la identidad de todos los autores materiales del crimen.
El secuestro del hijo de Lindbergh y su posterior asesinato galvanizaron la opinión pública estadounidense hasta tal punto que el Congreso aprobó la Ley Federal sobre el Secuestro. La intervención del FBI en la investigación permitió identificar al principal acusado pocos años después. En septiembre de 1934, Bruno Hauptmann fue detenido con parte del dinero del rescate. El 3 de abril de 1936, Hauptmann fue ejecutado en la silla eléctrica.
Espero que esta tragedia sirva para concientizar a los políticos de nuestro país sobre la necesidad de actuar con firmeza contra el crimen, revisar nuestra relación con el sistema interamericano de derechos humanos y, luego de una profunda reforma de las instituciones de justicia, aplicar con todo el rigor de la ley las sanciones que correspondan a quienes amenazan la vida y la seguridad de los ciudadanos.
Uri Landman
Gerente General de Motorama S.A., empresa fundada hace más de 60 años en el Perú, dedicada a la distribución y comercializamos de repuestos para la marca Ford a nivel nacional. Bachiller en ingeniería mecánica de la Universidad de Miami (1992), Grado de maestría en ingeniería mecánica con especialización en motores de combustión interna en la universidad de Miami (1994). Desde hace tres años colabora como analista político en varios portales web como lampadia, café viena y la abeja. También colabora con la edición impresa de El Tiempo de Piura. Ha colaborado con publicaciones en la versión digital de Expreso y Montonero.


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