César Novoa Columnas

Perú: el salto a las grandes ligas del capital

Lecciones latinoamericanas y globales para transformar los fondos de inversión en una política de productividad, confianza y desarrollo

El Perú compite por algo más exigente que atraer dinero: compite por merecer capital de largo plazo.

Esa competencia se define en la calidad de sus instituciones, la preparación de sus empresas y la capacidad de convertir oportunidades en inversiones rentables y sostenibles. Los fondos de inversión deberían ocupar un lugar estratégico dentro de esa transformación.

El capital necesita proyectos. Los proyectos necesitan gestión. Y ambos necesitan confianza.

Mi propuesta es que el Gobierno convoque una agenda nacional para desarrollar esta industria, articulando al Ministerio de Economía y Finanzas, las autoridades competentes, los gestores privados, los inversionistas institucionales, las empresas y la academia. Una agenda capaz de conectar el mercado de capitales con la productividad, la inversión empresarial y el desarrollo territorial.

La experiencia internacional ofrece mecanismos concretos. Pero copiar modelos sería un error. Su utilidad para el Perú dependerá de nuestra capacidad para adaptarlos a la profundidad del mercado financiero, la calidad institucional y las características de nuestras empresas.

Mirar al mundo para diseñar mejor

Chile: construir una industria exige persistencia y evaluación. CORFO constituye una de las referencias latinoamericanas más importantes en materia de apoyo público al capital de riesgo. Un estudio del BID confirma su papel central en el desarrollo de esta industria: a 2021 había comprometido US$955 millones en 60 fondos y movilizado US$339 millones provenientes del sector privado. El mismo estudio identifica, sin embargo, barreras persistentes para mejorar la calidad de las inversiones y aumentar la escala de los proyectos.

Mi lectura es clara: movilizar recursos y construir un mercado competitivo son objetivos relacionados, pero no equivalentes. El éxito de una política pública no debería medirse únicamente por cuánto capital comprometió, sino por las capacidades, empresas, gestores y mercados que ayudó a desarrollar.

Europa: financiar también significa desarrollar gestores. El Fondo Europeo de Inversiones participa mediante inversiones en fondos y coinversiones y trabaja tanto con equipos emergentes como con gestores experimentados. Su actividad comprende venture capital, private equity, crédito privado e inversiones vinculadas con infraestructura, y la selección de gestores incluye procesos de evaluación y debida diligencia.

La lección para el Perú es importante: desarrollar una industria de fondos no consiste solamente en aumentar el dinero disponible. Significa también construir gestores profesionales, especialización, historial de desempeño y vehículos adecuados para distintas etapas y necesidades empresariales.

Estados Unidos: cada estrategia necesita una estructura financiera compatible. El programa Small Business Investment Company (SBIC) combina capital aportado por inversionistas privados con financiamiento respaldado por la Small Business Administration (SBA), dentro de fondos gestionados profesionalmente.

El diseño diferencia incluso el tipo de apalancamiento. Las estructuras tradicionales contemplan pagos periódicos de intereses, mientras que las denominadas Accrual Debentures acumulan intereses y están concebidas para estrategias de mayor duración y orientación hacia capital.

Para el Perú, la enseñanza es especialmente relevante:

el calendario del financiamiento debe conversar con el calendario del negocio.

El apalancamiento puede multiplicar capacidad de inversión, pero también exige capacidad de repago, supervisión, límites prudenciales y una comprensión adecuada del riesgo. Así como puede potenciar retornos, también puede amplificar pérdidas.

Chile, Europa y Estados Unidos utilizan instrumentos diferentes, bajo instituciones, mercados y objetivos distintos. Su existencia ofrece referencias valiosas de diseño, pero no demuestra automáticamente que un mecanismo pueda trasladarse con éxito al Perú.

El benchmarking útil no copia experiencias: las transforma en criterios de decisión.

La política comienza antes del fondo

Una industria de inversión necesita empresas preparadas para recibir capital.

Estados financieros confiables, títulos claros, contratos consistentes, permisos adecuados, gobierno corporativo y equipos capaces de ejecutar no son detalles administrativos: forman parte del activo que evalúa un inversionista.

Por eso propongo desarrollar una plataforma de preparación empresarial para la inversión, con participación privada, académica y especializada, destinada a transformar proyectos potenciales en oportunidades realmente evaluables.

La productividad también se construye reduciendo asimetrías de información y elevando la calidad de las decisiones.

Y la diferenciación resulta indispensable.

Una empresa tecnológica en etapa temprana, una pyme que busca expandirse, una compañía madura y un proyecto de infraestructura no deberían financiarse necesariamente con el mismo instrumento, el mismo horizonte ni los mismos criterios de riesgo.

Capital emprendedor, capital de crecimiento, deuda privada, infraestructura y otras estrategias deben analizarse según la función económica que cumplen.

El instrumento debe servir al proyecto; la estructura debe responder al riesgo.

La confianza es nuestra infraestructura financiera

El Perú debería revisar las barreras regulatorias, tributarias y operativas que dificultan el crecimiento de la industria, pero sin sacrificar seguridad jurídica, protección al inversionista ni integridad del mercado.

El propio marco peruano exige hacer distinciones importantes. Los fondos de inversión de oferta pública administrados por Sociedades Administradoras de Fondos de Inversión están sujetos al marco de autorización y supervisión de la SMV; los fondos de oferta privada no se encuentran bajo esa misma supervisión.

Por eso, cualquier reforma debería distinguir claramente entre oferta pública y privada, administradora, fondo, partícipe, inversionista y vehículo de propósito específico.

Asimismo, debería reforzar principios esenciales: separación patrimonial, valorización rigurosa, manejo de conflictos de interés y transparencia respecto de comisiones, apalancamiento, riesgos y condiciones de liquidez.

La gobernanza corporativa adquiere verdadero valor cuando permite responder preguntas concretas:

¿Quién decide?
¿Quién verifica?
¿Cómo se valora?
¿Quién controla los conflictos?
¿Quién asume las pérdidas?

La participación de inversionistas institucionales, por su parte, debe responder a criterios fiduciarios y a la compatibilidad entre los activos en los que invierten y las obligaciones que deben atender.

La ampliación del acceso a nuevas alternativas de inversión debería avanzar acompañada de información comprensible, evaluación de idoneidad y salvaguardas proporcionales al nivel de riesgo.

Capital público con propósito y disciplina

También debería evaluarse, allí donde existan fallas de mercado demostrables, la utilización selectiva de instrumentos como fondos de fondos, coinversiones o garantías parciales.

Pero el capital público no puede convertirse en capital sin dueño.

Toda intervención debería incorporar selección competitiva, gestión profesional, límites fiscales, transparencia, reglas de gobernanza y condiciones claras de salida.

La pregunta decisiva sería:

¿Qué inversión económicamente viable pudo concretarse gracias a la intervención pública y cuánto capital privado adicional logró movilizar?

La adicionalidad importa.

Si el Estado termina financiando aquello que el mercado habría financiado igualmente, probablemente no está corrigiendo una falla: está reemplazando capital privado con recursos públicos.

El desempeño tampoco debería medirse únicamente por patrimonio administrado o dinero comprometido.

Deberíamos evaluar recursos efectivamente invertidos, retornos netos, pérdidas, capital privado movilizado, productividad empresarial, empleo formal, supervivencia y crecimiento de las empresas financiadas y alcance regional de las inversiones.

El patrimonio administrado cuenta una parte de la historia. La transformación económica cuenta la más importante.

La agenda que debemos pedir al Gobierno

Propongo tres compromisos.

Primero, un diagnóstico público sobre las barreras regulatorias, tributarias, financieras, empresariales e institucionales que limitan el desarrollo de la industria.

Segundo, una hoja de ruta concertada, con responsables, objetivos, plazos e indicadores verificables.

Y tercero, pilotos evaluables antes de ampliar cualquier programa a gran escala.

Al sector privado también le corresponde asumir responsabilidades: profesionalizar la gestión, mejorar la transparencia, desarrollar mejores proyectos, fortalecer sus capacidades fiduciarias y responder por sus decisiones de inversión.

No existe mercado de capitales profundo sin confianza.

Y no existe confianza sostenible sin instituciones capaces de establecer reglas claras, hacerlas cumplir y mantenerlas en el tiempo.

El salto a las grandes ligas será, por eso, institucional, empresarial y financiero.

Exigirá continuidad entre gobiernos y una visión capaz de conectar competitividad, inversión productiva y creación de valor.

Las grandes ligas del capital se alcanzan cuando la confianza se transforma en inversión y la inversión deja capacidades que permanecen después de que el capital se retira.

Ese debería ser el próximo gran proyecto financiero del Perú.

César Augusto Novoa Chávez
Economista y MBA por ESAN, con formación internacional en ESADE Business School y exbecario del Banco Central de Reserva del Perú. Ejecutivo y asesor estratégico con más de 30 años en servicios financieros y dirección empresarial. CEO de NOZA Investment Company, especializado en finanzas corporativas, fondos y vehículos de inversión, riesgos y transformación empresarial. Docente de posgrado y autor de cuatro libros. Integra visión global, criterio financiero y capacidad de ejecución para impulsar competitividad, gobierno corporativo y creación sostenible de valor.

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