César Novoa Columnas

Dos motores, un mismo ecosistema: financiar el desarrollo

Sistema financiero y mercado de capitales: complementariedad, profundidad y nuevas fuentes de financiamiento para impulsar inversión, crecimiento y competitividad

Durante años hemos tendido a mirar al sistema financiero y al mercado de capitales como dos mundos distintos. Uno asociado principalmente al crédito y la intermediación; el otro, a las emisiones, los inversionistas y distintas formas de canalización directa del ahorro.

Esa separación conceptual empieza a quedarse corta.

En una economía moderna, ambos forman parte de una misma arquitectura financiera. Cumplen funciones diferentes, atienden necesidades distintas y distribuyen riesgos de manera particular, pero comparten un objetivo fundamental:

transformar ahorro en inversión y movilizar recursos hacia actividades capaces de generar crecimiento, productividad, empleo y desarrollo.

El sistema financiero cumple una función difícil de reemplazar. Conoce al cliente, analiza su capacidad de pago, transforma plazos, administra riesgos y financia desde necesidades familiares hasta capital de trabajo, vivienda, inversión productiva y expansión empresarial.

Pero el crédito bancario no puede ni debe resolverlo todo.

Cuando una empresa crece, sus necesidades financieras también cambian. Puede requerir plazos mayores, estructuras más flexibles, capital para asumir nuevos riesgos o recursos que no necesariamente incrementen su endeudamiento tradicional.

Es allí donde el mercado de valores y otras alternativas del mercado de capitales adquieren una dimensión estratégica.

Bonos, acciones, fondos de inversión, titulizaciones, deuda privada, private equity y otros vehículos permiten conectar proyectos y empresas con inversionistas dispuestos a asumir diferentes horizontes de plazo, riesgo y rentabilidad.

No estamos, por tanto, ante dos sistemas que deban competir por ocupar exactamente el mismo espacio.

Estamos frente a dos motores que deberían complementarse.

Una arquitectura financiera para cada etapa

Las economías financieramente más profundas disponen de múltiples canales para movilizar capital.

Una empresa puede utilizar crédito bancario para financiar capital de trabajo, emitir deuda para inversiones de largo plazo, incorporar un fondo para acelerar su crecimiento y, si alcanza la escala, transparencia y gobierno corporativo necesarios, acudir posteriormente al mercado público.

Eso es arquitectura financiera.

No significa elegir una fuente y abandonar las demás. Significa construir una estructura de capital coherente con el tamaño de la empresa, su ciclo de vida, sus flujos de caja, sus riesgos y sus objetivos estratégicos.

Una fuente de financiamiento adecuada en una etapa puede resultar ineficiente en otra.

El problema no es únicamente conseguir capital.

Es conseguir el capital correcto, con el plazo correcto y bajo una estructura compatible con el riesgo del negocio.

América Latina todavía tiene espacio para profundizar sus mercados

En buena parte de América Latina, el crédito bancario continúa desempeñando un papel dominante en el financiamiento empresarial. Esa presencia es positiva y necesaria.

El problema aparece cuando existen pocas alternativas complementarias para empresas que necesitan capital de largo plazo, recursos para crecer sin incrementar excesivamente su deuda o estructuras capaces de absorber mayores niveles de riesgo.

El Perú refleja claramente ese desafío.

Contamos con bancos, financieras, cajas municipales, cooperativas y una creciente presencia de actores tecnológicos que contribuyen a ampliar y transformar la oferta de servicios financieros. La SBS viene, además, desarrollando una hoja de ruta de Finanzas Abiertas orientada precisamente a fomentar mayor competencia, innovación e inclusión.

Al mismo tiempo, necesitamos fortalecer la profundidad del mercado de capitales, desarrollar con mayor escala los fondos de inversión, ampliar las alternativas de deuda privada y construir vehículos capaces de canalizar ahorro de largo plazo hacia empresas y proyectos productivos.

El diagnóstico merece atención. En su evaluación de 2026 sobre el Perú, el Fondo Monetario Internacional señaló que la profundización financiera se había estancado y advirtió que los retiros sucesivos de fondos previsionales habían debilitado la profundidad y la capacidad de financiamiento de largo plazo del mercado doméstico de capitales. El FMI destaca, además, que las AFP han sido uno de los principales inversionistas en bonos corporativos locales.

Eso demuestra algo fundamental:

un mercado de capitales profundo no se construye únicamente creando instrumentos. También necesita inversionistas de largo plazo capaces de financiarlos.

La empresa debe poder evolucionar financieramente

La trayectoria financiera de una empresa debería evolucionar junto con ella.

Puede comenzar con capital propio.

Luego incorporar crédito, leasing o factoring.

Más adelante utilizar financiamiento estructurado, deuda privada o emisiones de bonos.

En otra etapa puede incorporar capital institucional, private equity o socios estratégicos.

Y determinadas empresas, cuando alcanzan la escala y las condiciones necesarias, pueden incluso abrir su accionariado al mercado.

No todas deben recorrer ese camino ni hacerlo en el mismo orden.

La verdadera profundidad financiera aparece cuando existen alternativas suficientes para que una empresa pueda escoger aquella que mejor responda a sus necesidades y riesgos.

Por eso considero que debemos superar el debate de banca versus mercado de capitales.

La pregunta importante es otra:

¿Cómo hacemos para que ambos funcionen mejor, se complementen y movilicen más recursos hacia la inversión productiva?

Un sistema financiero sólido origina crédito, transforma plazos y administra riesgos.

Un mercado de capitales profundo conecta ahorro con necesidades de financiamiento de mediano y largo plazo.

Los fondos de inversión acercan capital especializado a nuevas oportunidades.

La deuda privada puede atender empresas y proyectos cuyas necesidades no encajan necesariamente en una emisión pública o en un crédito bancario convencional.

Las fintech pueden reducir fricciones, utilizar nuevas fuentes de información y ampliar canales de acceso.

Los inversionistas institucionales pueden aportar escala, profundidad y horizontes de inversión prolongados.

Cuando esas piezas funcionan de manera articulada, el potencial para financiar inversión, productividad y competitividad es considerablemente mayor.

El ecosistema importa más que cada pieza aislada

El Perú cuenta ya con una industria de fondos y sociedades administradoras supervisadas en el ámbito de la oferta pública, junto con vehículos de oferta privada sujetos a un tratamiento regulatorio diferente. La SMV mantiene actualmente registros de fondos de inversión orientados, entre otros ámbitos, a inmuebles, deuda inmobiliaria y factoring.

El desafío no consiste simplemente en multiplicar productos.

Consiste en construir un ecosistema.

Eso requiere empresas preparadas para recibir financiamiento, proyectos estructurables, gestores profesionales, inversionistas sofisticados, reglas previsibles, información confiable y mecanismos efectivos de protección al inversionista.

También exige reducir costos de transacción y barreras que dificultan que una empresa mediana pueda evolucionar hacia fuentes más sofisticadas de capital.

El desarrollo financiero no debería medirse únicamente por cuánto crédito otorgan los bancos o cuánto patrimonio administran los fondos.

Deberíamos preguntarnos también:

¿Cuánto ahorro de largo plazo estamos convirtiendo en inversión productiva?

¿Cuántas empresas encuentran financiamiento adecuado para su siguiente etapa de crecimiento?

¿Cuánto capital llega a infraestructura, innovación, regiones y empresas con capacidad de aumentar productividad?

¿Cuánto riesgo permanece excesivamente concentrado en una sola fuente de financiamiento?

Ahí comienza una visión realmente integrada.

Financiar desarrollo, no solamente transacciones

Ese debería ser uno de los grandes objetivos financieros del Perú y de América Latina: pasar de mercados que simplemente intermedian recursos a verdaderos ecosistemas capaces de estructurar capital para el desarrollo.

No se trata de reducir el protagonismo de la banca.

Se trata de acompañarla con más alternativas.

Tampoco se trata de desarrollar el mercado de capitales para sustituir al crédito.

Se trata de permitir que cada fuente de financiamiento haga aquello para lo que posee mayores ventajas.

La profundidad financiera aparece cuando una empresa no depende de una única puerta para conseguir recursos y cuando el ahorro encuentra múltiples caminos eficientes hacia la inversión.

Porque el futuro no será exclusivamente bancario ni exclusivamente bursátil.

Será cada vez más complementario, especializado e integrado.

Dos motores. Un mismo ecosistema. Un mismo objetivo: transformar ahorro en inversión y financiar el desarrollo.

César Augusto Novoa Chávez
Economista y MBA por ESAN, con formación internacional en ESADE Business School y exbecario del Banco Central de Reserva del Perú. Ejecutivo y asesor estratégico con más de 30 años en servicios financieros y dirección empresarial. CEO de NOZA Investment Company, especializado en finanzas corporativas, fondos y vehículos de inversión, riesgos y transformación empresarial. Docente de posgrado y autor de cuatro libros. Integra visión global, criterio financiero y capacidad de ejecución para impulsar competitividad, gobierno corporativo y creación sostenible de valor.

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