Columnas David Auris

PISA 2025: una mirada incómoda de la educación peruana

El fracaso del Perú en PISA 2025 nos obliga a revisar críticamente nuestra política educativa que, en opinión de muchos expertos, ha debilitado progresivamente la cultura del esfuerzo y la autoridad docente. El resultado es preocupante: hemos retrocedido diez años en lugar de avanzar. Ocupamos el puesto 69 en ciencias, con 406 puntos; el 66 en matemáticas, con 382; y el 61 en lectura, con 390, de un universo de 90 países.

Estos resultados fueron duros para casi todos los países evaluados por PISA 2025, impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pese a la irrupción de la inteligencia artificial que, si no se utiliza adecuadamente, no garantiza comprensión lectora, razonamiento matemático ni pensamiento científico. Sin embargo, los países asiáticos continúan liderando el conocimiento: China, Singapur, Macao, Taipéi, Japón y Corea del Sur. Este fenómeno invita a estudiar sus sistemas educativos.

Seguramente, estos resultados responden a múltiples factores, pero en este artículo me abocaré a auscultar una de las fortalezas educativas asiáticas: una cultura basada en la disciplina, el esfuerzo, la valoración del maestro y el respeto de los estudiantes y de la comunidad hacia la autoridad docente. Estos principios deberían ser considerados por el Gobierno peruano como parte de su política educativa.

En el Perú, así como en muchos países, el maestro ha sido relegado progresivamente como un profesional de segundo nivel. Si llama la atención con severidad a un estudiante, puede enfrentar llamadas de atención e incluso procesos administrativos. Si eleva la exigencia académica o asigna más tareas, muchos padres suelen reclamar. Pese a ello, estamos obligados a centrarnos en mejorar los aprendizajes, las competencias, el desempeño, los conocimientos aplicados y la resolución de problemas que evalúa PISA, en un mundo donde el conocimiento es el pilar del progreso.

Cuando no existe exigencia, toda corrección se interpreta como presión y el estudiante puede quejarse por cualquier pequeñez; la autoridad pedagógica se debilita y el aprendizaje desaparece. La pedagoga y ensayista sueca Inger Enkvist defiende la autoridad del docente en el aula junto con una exigencia académica del estudiante. Su planteamiento resulta pertinente para ponerlo en debate en esta coyuntura académica.

PISA 2025 ha abierto debates en todo el mundo, pero miremos sus resultados como un espejo: necesitamos practicar la cultura del esfuerzo y la disciplina, recuperando la autoridad pedagógica del maestro como el estratega del aprendizaje.

David Auris Villegas
Escritor, consultor educativo, columnista, profesor universitario y creador del ABDIV. Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y máster en Educación por la Universidad de La Habana. Ha publicado: Como redactar artículos científicos, Comprensión lectora para la vida, Minicuentos para soñar, Mañana al despertar piensa en mí y Cuentos de medianoche.

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