Columnas Rafael Antonio Aita Campodónico

Política pública y responsabilidad: la lección de Tucídides

Desde Tucídides, gobernar no consiste solamente en formular buenas intenciones. Una política pública debe juzgarse también por sus efectos concretos sobre la población. El gobernante, la institución y el funcionario tienen una responsabilidad que comienza con la decisión, continúa con su ejecución y se prolonga en la evaluación de sus resultados.

Una política pública responsable necesita, por tanto, cuatro momentos: diagnosticar correctamente, decidir con fundamento, ejecutar con capacidad y corregir cuando los resultados no corresponden a los objetivos.

Aquí aparece una enseñanza particularmente importante de Tucídides: las decisiones políticas ocurren dentro de sociedades donde existen intereses, conflictos, temores y diferentes concepciones del bien común. Por ello, la responsabilidad pública exige algo más que autoridad: exige deliberación, información, prudencia y rendición de cuentas.

En el Perú, esta perspectiva permite formular una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando una política pública permanece durante años a pesar de demostrar resultados insuficientes? La responsabilidad no debería agotarse en señalar al funcionario que tomó la decisión inicial. También debe preguntarse quién evaluó posteriormente la política, quién advirtió sus deficiencias y quién tenía capacidad para corregirla.

Esto conduce a una concepción dinámica de la responsabilidad: cumplir el deber también significa reconocer los errores y tener la voluntad de rectificar. Corregir no necesariamente significa fracasar; puede ser, precisamente, una manifestación de responsabilidad institucional.

Desde una perspectiva de economía social de mercado, el desafío consiste en articular iniciativa privada, responsabilidad empresarial, solidaridad y acción eficaz del Estado. El Estado no debe abandonar a quien necesita protección, pero tampoco debería construir políticas que generen dependencia, ineficiencia o desperdicio de recursos públicos. La política social debe procurar que los recursos lleguen efectivamente a las personas y que los programas puedan ser evaluados y mejorados.

Conclusión

La lección de Tucídides puede resumirse así: el poder público adquiere legitimidad no solamente por la autoridad con que decide, sino por la responsabilidad con que responde ante las consecuencias de sus decisiones.

Una sociedad madura no es aquella que nunca se equivoca, sino aquella que detecta sus errores, aprende de ellos, corrige el rumbo y transforma la experiencia en mejores políticas públicas. Allí, el deber cumplido deja de ser una simple declaración y se convierte en una conducta permanente de responsabilidad frente a los ciudadanos.

Con responsabilidad.

Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.

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