César Novoa Columnas

La transformación digital es el medio; el desarrollo es el destino

El verdadero desafío es convertir tecnología, datos e innovación en más oportunidades, productividad, inclusión y bienestar para ciudadanos y emprendedores.

Durante años hemos hablado de #TransformaciónDigital como si el objetivo fuera tener más aplicaciones, plataformas, datos, billeteras digitales o inteligencia artificial. Pero la tecnología no constituye el punto de llegada. El verdadero desafío del Perú y de América Latina es mucho mayor: transformar esas capacidades en desarrollo.

La pregunta que deberíamos hacernos ya no es cuánto estamos digitalizando, sino cuánto de esa digitalización estamos convirtiendo en mejores oportunidades para las personas, mayor productividad para los emprendedores, mejores servicios públicos y mayor bienestar.

El mundo ofrece experiencias que vale la pena observar. India construyó una infraestructura que articula identidad, pagos, documentos y consentimiento a gran escala. Estonia demostró que la #Interoperabilidad puede conectar al Estado sin necesidad de concentrar toda la información en una gigantesca base central. Corea avanzó hacia servicios públicos más proactivos. Singapur convirtió la identidad digital en una llave para acceder a miles de servicios. Brasil masificó los pagos inmediatos y comenzó a conectarlos con información financiera, competencia y crédito.

La lección común no está en copiar una determinada tecnología. Está en comprender que el valor aparece cuando diferentes capacidades consiguen trabajar juntas alrededor de las necesidades de las personas.

Perú ya posee activos importantes. La conectividad se ha expandido, el uso del smartphone forma parte de la vida cotidiana, los pagos digitales han crecido aceleradamente y avanzamos en identidad digital, gobierno de datos e interoperabilidad. Sin embargo, muchas de estas capacidades continúan funcionando como piezas separadas.

Tenemos datos, pero todavía debemos convertirlos mejor en conocimiento y decisiones. Tenemos plataformas, pero muchas veces permanecen aisladas. Tenemos digitalización, pero aún existe una enorme distancia entre realizar una transacción digital y acceder efectivamente a mejores oportunidades económicas y sociales.

Ahí está una de nuestras principales brechas.

La siguiente etapa debería ser construir un verdadero #EcosistemaDeDesarrollo centrado en dos actores fundamentales: el ciudadano y el emprendedor.

Para el ciudadano significaría poder relacionar de manera segura y ordenada identidad, salud, educación, empleo, vivienda, protección social, pensiones y servicios financieros. El principio debería ser sencillo: que la persona no tenga que reconstruir su historia cada vez que interactúa con una institución.

En salud, la información debería acompañar al paciente. En educación, las credenciales y competencias deberían acompañarlo durante toda su trayectoria. En pensiones, cada trabajador debería poder comprender mejor su historia laboral, sus aportes, su ahorro y su proyección futura. En protección social, el sistema debería evolucionar desde identificar necesidades hacia conectar a las personas con capacidades y oportunidades.

El potencial para el emprendedor es todavía mayor.

Miles de pequeños negocios generan diariamente información mediante ventas, pagos, compras, facturas y relaciones con proveedores. Esa actividad puede convertirse, bajo reglas adecuadas y con autorización del titular, en una verdadera reputación económica.

Aquí #BigData, #InteligenciaArtificial y #OpenFinance encuentran su lugar correcto. No son el objetivo. Son herramientas que pueden ayudar a comprender mejor al emprendedor, reducir asimetrías de información y facilitar acceso a crédito, seguros, factoring, mercados, capacitación o inversión.

El emprendedor que hoy puede resultar invisible para determinados modelos tradicionales podría empezar a ser reconocido por lo que realmente produce y por la actividad económica que desarrolla.

Esa transformación puede tener efectos importantes sobre la #InclusiónFinanciera, pero también sobre la formalización y la productividad. Una empresa se formaliza con mayor facilidad cuando pertenecer al sistema le abre puertas, reduce costos y facilita el crecimiento.

La misma lógica debería aplicarse a las políticas sociales. El objetivo no debería limitarse a identificar a una familia vulnerable y transferirle un beneficio. La aspiración debería ser construir una trayectoria:

protección, salud, educación, capacitación, empleo, emprendimiento, financiamiento, ingresos, ahorro y autonomía.

Es decir, pasar progresivamente de la protección social hacia la #MovilidadSocial.

Pero construir este ecosistema exige una condición fundamental: colocar a la persona por encima de la institución.

No necesitamos un “Gran Hermano digital” que concentre toda la información de los ciudadanos. Necesitamos sistemas interoperables, información protegida, consentimiento, ciberseguridad y trazabilidad. El ciudadano debe conocer quién utiliza sus datos, para qué propósito y bajo qué reglas.

Ese componente de #ConfianzaDigital será tan importante como la propia tecnología.

América Latina enfrenta el mismo desafío. La región ha avanzado considerablemente en conectividad, fintech, pagos digitales y servicios electrónicos, pero continúa conviviendo con alta informalidad, baja productividad, desigualdad territorial y millones de pequeñas empresas que siguen encontrando barreras para crecer.

Por eso, la próxima transformación de nuestra región no puede consistir únicamente en ser más digital.

Debe consistir en convertir lo digital en desarrollo.

Perú puede aprender de India, Estonia, Corea, Singapur, Brasil, Reino Unido y otras experiencias mundiales. Pero aprender significa comprender principios, resultados y errores para construir una arquitectura propia, coherente con nuestra geografía, nuestra estructura productiva y nuestra realidad social.

El ciudadano y el emprendedor deben ser el centro. El #DesarrolloHumano y el desarrollo productivo, la finalidad. El Estado, las empresas, la academia y el sistema financiero, los articuladores. Y la tecnología, los datos, las finanzas y la innovación, los medios.

La pregunta que definirá los próximos años no será cuántas aplicaciones desarrollamos, cuántas plataformas implementamos o cuántas transacciones digitales realizamos.

Será mucho más exigente:

¿Cuánto desarrollo fuimos capaces de generar con toda la tecnología que aprendimos a utilizar?

Porque la #TransformaciónDigital puede acelerar el camino.

Pero el destino sigue siendo el mismo: más oportunidades, más productividad, mayor inclusión y una mejor calidad de vida para las personas.

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