El fútbol es probablemente el deporte de mayor arraigo popular en el Perú. Precisamente por eso, sus resultados no pueden analizarse únicamente desde la emoción ni descargarse sobre un entrenador, una generación de jugadores o un partido. Cuando los malos resultados se vuelven estructurales, corresponde preguntar qué está funcionando mal, quiénes tienen responsabilidad y qué debe cambiar.
El dato más contundente está en las Eliminatorias al Mundial 2026: Perú terminó 9.º entre diez selecciones, con 12 puntos en 18 partidos, apenas dos victorias, seis empates y diez derrotas; marcó seis goles y recibió 21. La selección tampoco pudo transformar el cambio de ciclo en una recuperación inmediata. En el ranking FIFA oficial del 20 de julio de 2026 aparece en el puesto 50.
Esto obliga a mirar más profundo.
Primera causa: formación. Durante años se ha discutido la escasez de jugadores de alto nivel internacional, la poca continuidad de jóvenes y las diferencias entre Lima y las regiones. No basta descubrir talentos: hay que formarlos durante años con entrenadores preparados, competencia frecuente, nutrición, medicina deportiva, educación, infraestructura y seguimiento. La propia FPF reconoce esta necesidad y en 2026 ha creado nuevas competencias Sub-13, Sub-15, Sub-16 y Sub-18, incluyendo participación regional. La pregunta legítima es si estas reformas tendrán continuidad, evaluación independiente y resultados medibles.
Federación Peruana de Fútbol.
Segunda causa: competencia interna. Un campeonato profesional debe producir futbolistas capaces de competir internacionalmente. Si el jugador joven no tiene minutos, si los clubes no desarrollan verdaderos procesos de alto rendimiento y si se privilegia constantemente la urgencia del resultado inmediato, el sistema termina envejeciendo sin renovar suficientemente su talento.
Tercera causa: conducción y planificación. Federación, clubes, ligas, cuerpos técnicos y dirigentes tienen responsabilidades diferentes, pero conectadas. No se puede exigir una selección competitiva sin exigir también una estructura competitiva debajo de ella. La responsabilidad no consiste solamente en explicar una derrota: consiste en prevenir que las mismas causas produzcan nuevas derrotas.
Cuarta causa: evaluación. El fútbol peruano necesita indicadores públicos: jugadores formados, minutos Sub-20, exportaciones, rendimiento internacional de clubes, infraestructura disponible, calidad de entrenadores, resultados de menores y evolución física y técnica. Sin medición, cualquier proyecto puede convertirse en discurso.
También hay señales que merecen ser aprovechadas. La FPF informa que la Copa Federación 2025 movilizó 10.850 niños de 62 clubes y que en 2026 la Liga Nacional Juvenil reúne a 22 clubes profesionales. Son pasos concretos, pero su verdadero valor deberá comprobarse con el tiempo y con futbolistas que lleguen efectivamente al alto rendimiento.
Federación Peruana de Fútbol.
¿Qué hacer?
Un Plan Nacional de Recuperación del Fútbol Peruano, con horizonte de 8-10 años; formación obligatoria y permanente de entrenadores; competencia nacional real desde edades tempranas; descentralización efectiva; estándares mínimos de infraestructura; protección y minutos para jóvenes; detección científica de talentos; cooperación entre clubes y selección; auditoría deportiva anual y publicación de resultados.
Y una regla fundamental: ninguna administración debe ser juzgada solamente por lo que promete, sino por lo que deja funcionando.
Conclusiones
El problema no es solamente futbolístico: es estructural, institucional y formativo. No corresponde buscar un único culpable ni convertir la crítica en persecución personal. Pero tampoco corresponde esconder las responsabilidades detrás de excusas.
La obligación de quienes conducen el fútbol peruano es decir la verdad sobre el diagnóstico, reconocer errores, explicar qué se cambiará, establecer responsables, fijar plazos y rendir cuentas.
Caiga quien caiga, pero con pruebas, transparencia y respeto. El hincha peruano no necesita promesas eternas: necesita un sistema que produzca mejores futbolistas, mejores competencias y mejores resultados. El descenso deportivo no se revierte con discursos; se revierte cambiando las causas que lo producen. Atrás deben quedar los pesimistas y los impresentables dirigentes. Con responsabilidad, Rafael Aita Campodónico
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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