BlackRock, el poder invisible del capital global, ¿control o influencia?
BlackRock es una de las mayores gestoras de activos del planeta. A septiembre de 2026 administraba aproximadamente US$15,5 billones (trillion en inglés) en activos de clientes. Su tamaño permite comprender por qué aparece con frecuencia en debates sobre el poder económico mundial. Sin embargo, afirmar que BlackRock «controla todo», la política, la sociedad y la economía, requiere distinguir entre propiedad, administración e influencia.
Dimensión económica. BlackRock administra inversiones pertenecientes a millones de personas, fondos de pensiones, instituciones y otros clientes. Una parte enorme de sus activos está vinculada a fondos indexados y ETF. Esto significa que BlackRock puede convertirse en accionista relevante de numerosas empresas simultáneamente. Pero administrar esos activos no equivale a poseerlos personalmente: el capital pertenece a los inversores de los fondos.
Poder corporativo. Su influencia más tangible aparece en el gobierno empresarial. BlackRock puede votar en juntas de accionistas cuando sus clientes le delegan esa facultad y mantiene conversaciones con directivos y consejos de administración. Entre julio de 2025 y junio de 2026 reportó más de 16.600 reuniones de accionistas y 154.000 propuestas votadas. Este poder puede influir en nombramientos, estrategias empresariales, remuneraciones, riesgos y determinadas políticas corporativas.
Tecnología y mercados. Otro componente importante es Aladdin, su plataforma tecnológica de análisis y gestión de riesgos. Su importancia muestra que el poder financiero moderno no depende únicamente del dinero, sino también de la información, los modelos de riesgo y la infraestructura utilizada para tomar decisiones de inversión.
Dimensión política y social. Aquí es necesario evitar una conclusión conspirativa. BlackRock tiene capacidad de influencia porque interactúa con empresas, gobiernos, reguladores e instituciones financieras; pero eso no demuestra que controle gobiernos o que determine unilateralmente las políticas públicas. La propia estructura de la firma está limitada por leyes, reguladores, otros accionistas, consejos empresariales y, sobre todo, por los intereses y decisiones de sus clientes. Además, BlackRock ha creado mecanismos para que determinados inversores puedan ejercer directamente sus preferencias de voto.
La cuestión fundamental no es si BlackRock «gobierna el mundo», sino si la concentración de enormes cantidades de capital en unas pocas gestoras crea una concentración estructural de poder. Ese debate sí es legítimo. Cuando una institución tiene participaciones significativas en miles de compañías, su capacidad para dialogar, votar y establecer estándares de gobierno corporativo puede ser considerable, incluso sin poseer directamente esas empresas.
Conclusión. BlackRock no puede describirse rigurosamente como una organización que controla por sí sola la política, la sociedad y la economía mundial. Esa afirmación simplifica una realidad mucho más compleja. Pero tampoco sería correcto minimizar su importancia: su escala financiera, capacidad de voto, infraestructura tecnológica y presencia global le otorgan una influencia extraordinaria. El verdadero desafío para las democracias y los mercados consiste en determinar cuánto poder deben concentrar los grandes administradores de activos, quién supervisa ese poder y hasta qué punto los propietarios finales del capital pueden ejercer sus propios derechos. La discusión más seria, por tanto, no es «BlackRock controla todo», sino «cómo debe gobernarse el poder financiero cuando alcanza una escala global».
Con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


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