Cuando el expresidente —sí, ese de las contrataciones pacharacas— se sentó en la sala de su departamento para ver por televisión la elección de su sucesor(a), no podía estar más sonriente, dentro de su propia tragedia.
Alrededor de él, algunas de sus chicas —mejor dicho, sus asistentes o, si se quiere, sus amigas —conversaban alegremente, y una de ellas incluso hasta le preparaba los sándwiches.
A sus pies, sobre la alfombra, sus nueve perros adoptados durante su gestión presidencial también miraban la televisión, todos en silencio, pero siempre alertas. El destino de ellos ya había sido decidido: dos de ellos se irían a vivir con una familiar muy querida; otro, a la casa de su madrina; uno, a la casa de playa; y dos serían trasladados momentáneamente a un hotel para mascotas en Cieneguilla. Los demás, tal vez, se quedarían con él.
Su contingente canino lo cuidaba, blindándolo física y emocionalmente. Y, es que, en el fondo, más allá de los roches, se sentía íntimamente satisfecho. Había sido presidente. El roche, con el tiempo, pasaría, pero nadie le quitaría su lugar en la historia. Ahora, además, sabía lo que era ser todo un motor en Instagram.
Él, por supuesto, decía que estaba en cura de silencio. No contestaba el WathsApp, pero no se hacía problemas por eso porque tenía otro número que no estaba a su nombre, y desde ahí se comunicaba con cada una de sus amigas. Por eso no temía entregar su celular a la Fiscalía ni abrir sus comunicaciones, porque desde ahí casi no hablaba.
En la pantalla de televisión, la votación avanzaba de forma asombrosa. La candidata más preparada iba perdiendo voto a voto. El país, atónito, seguía el conteo en un silencio casi telúrico, como si se tratara de una elección papal. Los periodistas contaban con sincera sorpresa de cada voto.
Pero el expresidente, lejos de estar preocupado, en el fondo sonreía. Y es que, para sus adentros, se decía: “bien hecho, por haberme sacado”. La forma cómo se configuraba la votación, era para él una revancha silenciosa.
Días antes de este desenlace, César Acuña había buscado una conversación con uno(a) de los candidatos a través de su hijo. En la casa del postulante, el emisario, luego de haber conversado, se comunicó con su padre. APP apoyaría esa candidatura. Ese acuerdo, constituía la llave de acceso para un gobierno más maduro y sin escándalos, Pero ahora, eso se desmoronaba ante la mirada incrédula de todos porque elección daba un giro inesperado.
No era la primera vez que Acuña decía algo y terminaba haciendo lo contrario. Ese comportamiento, más que una costumbre, parecía un modus operandi político, sólo que esta vez los daños recayeron sobre todo el país.
Jeri miraba muy atento la elección mientras comía unos panes con queso con una calma casi doméstica. El ex ministro de cultura los había traído de Ayacucho en dos bolsas: una, para el gabinete saliente, y otra, para él.
Esa tarde, Fuerza Popular había emitido un comunicado en el que daba su voto para María del Carmen Alva, pero a la hora de la votación el partido dividió sus adhesiones. Y no lo hicieron para quedar bien con Dios y con el diablo, sino como parte de una acción calculada: si ganaba la izquierda, la responsabilidad recaería sobre Rafael López Aliaga, su principal contendor.
La posición de Rafael López Aliaga no era descabellada. Tenía mucho sentido frente a lo que ya circulaba: el ex presidente había convertido Palacio en un espacio de encuentros privados donde se evaluaba a las futuras asistentes en reuniones que llegaban a extenderse hasta la mañana siguiente; sostenía reuniones sospechosas con empresarios chinos; había prometido levantar el secreto de sus comunicaciones cuando, en realidad, casi no realizaba llamadas desde su celular, y extrañamente había ordenado polarizar las lunas de una habitación ubicada en el último piso de Palacio de gobierno para quien sabe qué tipo de reuniones.
En respuesta a algunas preguntas, llegó a afirmar que él no había reclutado a sus amigas – que eso correspondía al secretario general, porque él no era el que firmaba – y que no cumplió con la terapia ordenada para controlar su agresión sexual, porque esa sentencia que ante todo lo absolvió, fue dictada por un juez que no era el principal.
Ahora, que ya fue elegido el ex juez Balcázar como nuevo presidente, el país oscila entre el desconcierto y la zozobra. Surgen nuevas acusaciones sobre él: que habría utilizado la tesis de derecho de su hijo para publicarla como libro propio y así postular al cargo de juez supremo, y otras dos publicaciones estarían bajo sospecha. Además, de la denuncia de apropiación de fondos del Colegio de Abogados de Lambayeque, depositados en sus cuentas personales, que pesa fuertemente sobre él.
Pedro Castillo ha enviado una carta pública solicitando su liberación. Siente que han vuelto al poder. Y su abogado personal ahora es el secretario general de Palacio. El de la madre de Cerrón, también ha sido designado a otro puesto. Ahora Perú podría alinearse con México, Cuba y Nicaragua; Betsy Chávez, la ministra golpista, podría ser enviada al asilo y Castillo ser liberado por Fiestas Patrias.
Pero como en el Perú cualquier cosa puede pasar, de manera paradójica, Hernando de Soto asumirá la PCM, decisión tranquilizadora en la actual coyuntura. Se trata de un personaje muy bien formado y de mucho prestigio internacional que expondrá todo lo acumulado a nivel de trabajo e imagen por un presidente en el que nadie confía.
Mientras todo esto ocurre, en la sala de su departamento, el expresidente continúa mirando la televisión. Los perros todavía están ahí recostados sobre la alfombra, aunque siempre muy atentos. Lo quieren, él los adoptó. Aunque ya nadie lo acompaña ni le lleva los sándwiches. Lamentablemente – y no es grato decirlo -, se aplica el dicho de quien con niños se acuesta, amanece orinado.
Esto en parte ocurre porque en el país, desde hace ya un buen tiempo, presidente tras presidente, el poder sigue reciclando una gran mediocridad. Asistimos a este triste espectáculo que se repite una y otra vez, como muestra de la regresión política que anomia al Perú.
Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta


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