La vigencia de El idiota, de Fyodor Dostoevsky, no es solo europea ni histórica, es profundamente universal, y el Perú no es la excepción. El príncipe Myshkin representa al hombre honesto, transparente y moralmente íntegro que, en lugar de ser reconocido, es minimizado por una sociedad que ha normalizado la superficialidad y la ventaja indebida.
Paralelo con el Perú actual
En nuestro país, muchas veces el mérito real ,el esfuerzo, la preparación, la honestidad,no siempre es el principal criterio de reconocimiento. Con frecuencia, el oportunismo, la improvisación y la viveza criolla terminan ocupando espacios que deberían pertenecer a la capacidad y al compromiso. Como en la novela, quien actúa con rectitud puede ser visto como ingenuo o “tonto”, mientras que quien manipula o se adapta a la mediocridad es celebrado.
Esto se observa en distintos niveles:
- En la política, donde el discurso suele prevalecer sobre la coherencia.
- En lo social, donde la apariencia pesa más que la formación.
- En lo cotidiano, donde hacer lo correcto no siempre es lo más valorado.
Paralelo con el mundo
El fenómeno no es exclusivo del Perú. A nivel global, la sobreexposición a información ha generado una paradoja, más acceso, pero menos profundidad. La cultura del “éxito rápido” y la validación inmediata ha debilitado el pensamiento crítico. Así como en la Rusia de Dostoevsky, hoy el mundo enfrenta una crisis silenciosa, la pérdida de valores como la verdad, la integridad y la responsabilidad.
El verdadero problema,
No es que haya más ignorancia, sino que hay menos interés en dejar de ser ignorante. La estupidez contemporánea no siempre es falta de conocimiento, sino desprecio por él. Y eso es más peligroso.
El remedio para el Perú y el mundo
La solución no es tecnológica ni superficial; es profundamente ética y educativa.
Revalorar el mérito real, premiar la capacidad, la preparación y la honestidad por encima del discurso vacío.
Educación con valores, no basta enseñar información; hay que formar criterio, ética y responsabilidad ciudadana.
Cultura del ejemplo, líderes públicos y privados deben encarnar lo que predican.
Pensamiento crítico activo, cuestionar, analizar y no aceptar todo como verdad inmediata.
Recuperar la dignidad del bien, hacer lo correcto debe volver a ser motivo de orgullo, no de burla.
El Perú tiene una ventaja, una rica tradición cultural, histórica y social que puede servir de base para reconstruir una sociedad más consciente. Pero ello exige decisión colectiva.
Como en El idiota, el problema no es el hombre bueno, sino la sociedad que ha perdido la capacidad de reconocerlo. El Perú y el mundo están ante la misma disyuntiva, seguir normalizando la mediocridad o recuperar el valor de la inteligencia con principios.
“Si eres inteligente y eliges actuar con valores en medio de la confusión, no eres menos idiota,eres parte de los que aún sostienen el equilibrio de una sociedad que corre el riesgo de perderlo todo.” con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.


¿Qué se diría de alguien que ejecuta la fuerza bruta, el engaño y la corrupción para gobernar un jardín de infantes?
¿Qué códigos comunicativos se conservan en ese tipo de molde?
De una aberrante separación sobreviene la inercia de una lógica unión entre lo inocente y lo perverso, configurándose así una quimera que posee un particular lenguaje.
«En la oscuridad, cualquier luz es suficiente, sin embargo una polilla puede dirigirse hacia una equivocada»
Los adultos se acostumbran, pero qué escucharían de sus niños.
¿Dónde empieza y en dónde termina el jardín de infantes en realidad?
Otros preguntarán, cuándo…
La estupidez, no sólo puede andar bien vestida y ser ilustrada, también puede viajar en carreta o a la velocidad de la luz, o estár en mas de un sitio al mismo tiempo.
La estupidez cuántica no escapa a la relatividad, porque ahí fue engendrada. Y es el cómico, Albert Einstein, el que descubrió que el engaño se desvanece cuando su masa es cero.
El producto y resultado de una fábrica, es lo que es, no puede ser algo más. Y en ella trabaja mucha gente, y la confunde con la vida, cuando es simple teatro. Lucro en el defecto y resiliencia en la virtud, se hermanan.
¿Quién escribe el guión?
Unos miran hacia la pantalla del cine y dicen, ¡es sólo ficción! y cuando le dan la espalda hablan de realidad.
El dilema se soluciona dándose cuenta quién queda de un lado, y quién del otro.
Pero…
¿Quién es el intermediario, ese extraño relator que cuenta lo que sucedió y sucederá, y lo que nunca ocurrirá por su silencio?
Es una encrucijada interesante, pero si nos adentramos al inframundo del defecto, nos remite al mito de Jesús en su crucifixión, y por el otro lado nos encontramos con su resurreción en virtud, Cristo, una refrescante consciencia renacida lógicamente en el mismo cuerpo, que observa y comprende el fenómeno de la cruz y ficción. Sin embargo, esa historia comienza una ficción antes, la de un paraíso perdido llamado Dios, luego Estado, y ahora «I.A.». La mecánica es la misma.
Del lado bueno se encuentran los autoelegidos, y del otro los autoexpulsados, los esclavos. El Ángel, Rey y Soberano, es el que custodia el reino con su espada de Fuego, hierro y antivirus. Mapa amo, territorio esclavo.
El amo y el esclavo son extremos de una misma vara o cuerda disonante. Ficciones fantásticas, legales y técnicas conforman la frontera, acuñados con libros sagrados, Constituciones y softwares. Todo es perfecto hasta que no. El amo parasita aprovechándose del proceso y apropiándose del resultado de la virtud y el defecto. Pero es un esclavo mas al estar obligado a sostener la consciencia ideal y relativa.
A las tonterías, por ser tontas, no se les presta atención, sólo cuando empiezan a dar comezón y luego al hacer daño, es cuando surge el problema, y un velóz carro de bomberos que siempre llega tarde.
Ningún cliente elige al presidente, Papa o rey, tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general, y menos al dueño de la tierra, el dinero o la empresa en donde se trabaja, pero es más entretenido pensar que si. El contrato es entre el uno y los ceros detrás de él. A cada parte le corresponde lo suyo.
«Roma, el mal mayor y menor beben de una misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno»
El amor es ciego y siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, pero después de la separación se quedará con lo amado. El cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo.
A pesar de la locura, sea una democrática, militar, teocrática, monárquica, tecnocrática o un pentágono de ellas, la gente seguirá protegiendo lo amado, construido y festejado, cada vez más, sin sus cadenas.
A pesar de todo ésto, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque el engaño, la mentira y la apariencia tienen sentimientos, aunque también sus días contados.
La muerte de la apariencia es inevitable, y sucede en su transparencia dejando a todos desnudos. Nadie puede esconderse ni esconder nada.
Sin embargo desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión, escribiendo y viviendo un cuento.
Mejor que sea uno bueno.
Pero si alguien descuidado se adentra en uno ajeno, no irá a dónde quiera, sino a dónde está predefinido ir. En tal caso, el cuento sólo será contado cuando lo haga suyo y le haya dado un fin.
Y así nos despedimos de la estupidez, esclavitud y la tiranía, aunque muchos dirán hasta luego.
La carne al final de cuentas, concilia las posibilidades más extremas y aberrantes con la fragmentación en el olvido y la reproduccion del recuerdo.
Lo que pasó en Las Vegas, queda en Las Vegas.
La apariencia al arte, y la idiotez al museo.