Columnas Jorge Céliz

El nuevo eje del poder sudamericano

La reciente tensión política entre Luiz Inácio Lula da Silva y Donald Trump en Washington no debe interpretarse como un incidente diplomático menor. Lo ocurrido refleja el agotamiento del viejo equilibrio sudamericano y el surgimiento de una disputa abierta por el control estratégico del Pacífico. América del Sur está dejando atrás el esquema en el que Brasil actuaba como potencia indiscutida mientras el resto de países orbitaban alrededor de su influencia. Hoy el tablero cambió. Perú emerge como un actor con valor geopolítico propio gracias a su posición logística, su asociación militar con Estados Unidos y su creciente importancia en las rutas comerciales hacia Asia.

La reunión de mayo de 2026 entre Trump y Lula estuvo marcada por un pragmatismo estrictamente transaccional. Aunque ambos mandatarios exhibieron una aparente “química” política y extendieron su encuentro por más de tres horas, las diferencias estructurales permanecieron intactas. La conversación giró alrededor de los aranceles estadounidenses bajo la Sección 301, que Brasil intenta desmontar, y del interés de Washington por asegurar acceso privilegiado a minerales críticos y tierras raras brasileñas para reducir su dependencia de China.

Las fricciones más sensibles aparecieron en seguridad y soberanía. Estados Unidos busca catalogar a facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas, mientras Lula rechaza esa posibilidad por considerar que abriría la puerta a mecanismos de intervención externa. La distancia también se hizo evidente respecto a Venezuela. Brasil insiste en una salida negociada y sin presión militar extranjera, mientras Washington mantiene una estrategia orientada al control político y energético de la región. A ello se suma el trasfondo del juicio contra Jair Bolsonaro, tema que continúa contaminando la relación bilateral y limita cualquier acercamiento profundo entre ambos gobiernos.

En ese contexto, la modernización militar peruana adquiere una dimensión regional. La decisión de Lima de avanzar hacia la adquisición de cazas F-16 Block 70 rompe el monopolio tecnológico que Brasil pretendía consolidar con los Gripen E/F. La contradicción brasileña resulta evidente: reclama autonomía estratégica para sí mismo mientras cuestiona que otros países fortalezcan sus capacidades defensivas. Perú no busca alterar el equilibrio regional mediante una carrera armamentista, sino impedir quedar atrapado en una relación asimétrica donde Brasil concentre simultáneamente superioridad militar, influencia política y control logístico.

El factor decisivo, sin embargo, no es únicamente militar. El puerto de Chancay está modificando la geografía económica sudamericana al consolidar un corredor transpacífico que conecta minerales críticos, infraestructura portuaria y comercio asiático. Washington entiende que quien controle esas rutas tendrá influencia sobre las cadenas globales de suministro en las próximas décadas. Por eso la Casa Blanca observa con preocupación el crecimiento de la presencia china en Brasil y el Atlántico sur.

La amenaza más inmediata para la región, no obstante, sigue siendo el vacío estatal en la Amazonía. El avance del narcotráfico, la minería ilegal y organizaciones criminales transnacionales como el Comando Vermelho está erosionando la soberanía efectiva de los Estados amazónicos. Perú necesita simultáneamente inteligencia estratégica estadounidense y coordinación operativa con Brasil para contener esa expansión criminal. La seguridad amazónica ya no puede administrarse desde rivalidades ideológicas ni desde nacionalismos defensivos.

La salida exige abandonar la lógica de bloques excluyentes. Perú debería impulsar una Alianza Sudamericana de Puertos que articule seguridad marítima, control aduanero y protección de rutas comerciales hacia Asia. Paralelamente, la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica debe transformarse en un mecanismo operativo real contra la minería ilegal y el crimen transnacional. También resulta urgente crear un nuevo sistema regional de consulta en defensa que sustituya el vacío dejado por el desaparecido Consejo de Defensa Suramericano.

La tesis es clara: el ascenso estratégico del Perú no representa una amenaza para Sudamérica, sino una oportunidad para reequilibrar el continente. La estabilidad regional dependerá de combinar tecnología, integración logística y cooperación amazónica bajo un principio básico: ninguna potencia regional puede reclamar liderazgo si no respeta plenamente la soberanía de sus vecinos.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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