Columnas Luis Miguel Iglesias

El Espejo Boliviano: Por qué los jóvenes peruanos deben mirar al vecino antes de votar

Hace unos días, mi hijo de 25 años me planteó una inquietud que me dejó pensando y que probablemente comparten miles de jóvenes peruanos; me dijo: “Papá, entre mis amigos no sabemos por quién votar; tenemos muchas dudas”. Escucharlo me reveló la gran brecha que existe entre quienes padecimos el colapso económico del siglo pasado y una juventud que, afortunadamente, solo ha conocido un Perú con disciplina fiscal y crecimiento. A él, y a todos los jóvenes que hoy tienen dudas por quién votar, les dedico estas líneas no para infundir miedo, sino para aportar claridad y darles seguridad en el camino hacia el futuro.

Para entender el valor de lo que tenemos, el Perú de hoy necesita mirarse con urgencia en el espejo de Bolivia. Los jóvenes que se salvaron de vivir la crisis y la hiperinflación de los 80 en nuestro país deben entender que la estabilidad no está garantizada. Lo que sufre el pueblo boliviano no es una noticia aislada; es nuestro propio pasado y de lo que podría repetirse ahora. Una advertencia en tiempo real de lo que pasa cuando un país toma el rumbo político equivocado.

Dos caminos distintos:

Perú y Bolivia se parecen un montón: compartimos historia, geografía y, lamentablemente, dos siglos de presidentes que duraron poco y constituciones que cambiaron a cada rato.

Sin embargo, a finales de los 90 tomamos rutas diferentes. Bolivia se fue por el camino del socialismo, prometiendo que el Estado se encargaría de todo. El Perú, golpeado por sus propios errores populistas del pasado, eligió otra vía: abrirse al mundo, cuidar el bolsillo (disciplina fiscal) y apoyar la inversión privada.

El súper gas boliviano.

Al principio, a Bolivia le fue súper bien. Hubo un «boom» donde el gas natural valía oro. El gobierno de Evo Morales se llenó de plata y empezó a repartir bonos y subsidios. Parecía el «milagro boliviano».

Pero había un truco: mientras la gente aplaudía, el gobierno aprovechó para copar el Poder Judicial, el Congreso y el sistema electoral. Se acabó la independencia, la separación de poderes.

Como toda fiesta pagada con tarjeta de crédito, la plata se terminó. El gas se agotó porque nadie invirtió en buscar más, y los dólares del Banco Central se esfumaron. El resultado actual: desabastecimiento, colas por gasolina y las cosas cada vez más caras. La gente se cansó del autoritarismo y de las bravuconadas del dictador; hubo protestas legítimas y persecución política severa. Hoy, el presidente Rodrigo Paz Pereira libra una gran batalla: gobernar entre los escombros de un modelo quebrado y el sabotaje de los que extrañan y complotan para seguir buscando la mamadera del Estado.

3. La paradoja peruana: ¿Queremos copiar el modelo boliviano?

Aquí viene lo absurdo. Mientras el ciudadano boliviano mira con envidia sana cómo en el Perú el dólar no sube y la economía aguanta las crisis, acá hay políticos que insisten en copiar la receta boliviana.

Nos quieren vender el cuento de la «Asamblea Constituyente» o la «economía popular» con discursos que solo dividen al país. Eso no es progreso; es el manual para quebrar un país y terminar en una autocracia. Es el capricho de caudillos que no quieren soltar el juguete del poder.

4. Fortalecer el modelo peruano.

El modelo económico peruano no es perfecto, pero es fuerte: ha aguantado terremotos políticos que habrían quebrado a otros países. No hay que destruirlo; hay que mejorarlo para que sirva a todos. ¿Cómo? Con 6 tareas claras:

Inclusión: Que la plata de la macroeconomía se note en hospitales, colegios y pistas de verdad.

Innovación: Tecnología y digitalización para competir con el mundo.

Independencia: Seguir cuidando al Banco Central de Reserva (BCR) para que el sol no se devalúe.

Industrialización: La minería como pilar fundamental; sigamos impulsando el gran motor de la economía nacional que permita financiar infraestructura y el cierre de brechas sociales.

Idoneidad: Meritocracia pura. Gente capaz y honesta en el Estado -gestores- y no al amigo del presidente de turno.

Democracia e institucionalidad: Liberar a los organismos constitucionales del secuestro de mafias políticas y sectores académicos cómplices, erradicando la repartija de cargos y la corrupción para restaurar la integridad del Estado.

El futuro de nuestra juventud no está en el estatismo obsoleto del siglo pasado. Nuestro horizonte no puede ser mirar los experimentos ideológicos fracasados de la región.

El Perú tiene todo para ser un país ágil, fuerte y moderno que da el gran salto al desarrollo y se niega rotundamente a retroceder por los senderos rotos del populismo.

Miremos el espejo de Bolivia, aprendamos de su crisis y elijamos, con madurez, el camino de la libertad.

Luis Miguel Iglesias.
Abogado, Ex Vice Contralor de Gestión Estratégica, Integridad y Control.
Contraloría General de la República.

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