Las elecciones peruanas del 2026 han vuelto a mostrar un problema que cada año parece más grande: la falta de confianza en la política y en las instituciones. Lo que ocurre en el Perú no es un caso único. En muchos países, los procesos electorales terminan dejando dudas, enfrentamientos y acusaciones entre los distintos grupos políticos. La pregunta ya no es solo quién gana una elección, sino si los ciudadanos están dispuestos a aceptar el resultado.
En los últimos años hemos visto situaciones parecidas en varios países. En Estados Unidos, las elecciones del 2020 generaron una fuerte división política y acusaciones de fraude que marcaron al país durante años. En Brasil ocurrió algo similar en el 2022, cuando sectores políticos cuestionaron la transparencia del proceso electoral. En otros países de América Latina también se han producido conflictos después de las elecciones, con denuncias, procesos judiciales y protestas. Aunque cada caso tiene sus propias características, todos muestran un mismo problema: cada vez más personas desconfían de las instituciones democráticas.
Existen varias razones para explicar este fenómeno. Las redes sociales permiten que rumores, noticias falsas y teorías de conspiración circulen rápidamente. Muchas veces estas versiones llegan a más personas que la información oficial. A esto se suma el descontento económico, la inseguridad y la sensación de que la clase política no resuelve los problemas de la población. Cuando los ciudadanos sienten que el sistema no responde a sus necesidades, resulta más fácil creer que las reglas están manipuladas o que las elecciones no son limpias.
En el Perú esta situación tiene además una característica especial. El recuerdo del terrorismo sigue siendo una herida abierta para millones de peruanos. Por eso genera preocupación la presencia o influencia de dirigentes que estuvieron relacionados con espacios vinculados al Conare-Sutep o al Movadef, organizaciones que fueron duramente cuestionadas por sus posiciones respecto al legado ideológico de Sendero Luminoso. Nombres como Iber Maraví, César Tito Rojas y otros dirigentes han sido motivo de debate público debido a esos antecedentes.
Al mismo tiempo, existe otro sector político que rechaza de manera firme cualquier expresión vinculada al terrorismo y considera que la defensa de la democracia exige mantener una posición clara frente a la violencia que sufrió el país durante décadas. Sin embargo, el problema aparece cuando esta discusión deja de ser un debate sobre ideas y se convierte en una guerra permanente entre peruanos.
La figura de Antauro Humala también forma parte de esta discusión. Su participación en el Andahuaylazo y sus constantes llamados a posiciones radicales generan preocupación en amplios sectores del país. Para muchos ciudadanos, la presencia de discursos extremistas, vengan de donde vengan, representa un riesgo para la estabilidad democrática y la convivencia nacional.
Las consecuencias de esta crisis de confianza son serias. Un gobierno que llega al poder en medio de cuestionamientos permanentes tiene más dificultades para gobernar, impulsar reformas y construir acuerdos. La desconfianza afecta la economía, debilita las instituciones y aumenta la polarización social. Cuando nadie cree en las reglas, resulta difícil que un país avance de manera ordenada.
Por eso, el desafío más importante del Perú no termina con la proclamación de un ganador. La verdadera tarea es recuperar la confianza de los ciudadanos. Para lograrlo se necesitan instituciones electorales fuertes y transparentes, una mejor educación cívica, una lucha efectiva contra la desinformación y una defensa clara de la memoria histórica frente al terrorismo. También se necesita una clase política capaz de dialogar y poner los intereses del país por encima de las rivalidades.
El Perú enfrenta una decisión importante. Puede seguir atrapado en la desconfianza y la confrontación permanente o puede empezar a reconstruir los acuerdos básicos que sostienen una democracia. Sin confianza no hay gobernabilidad, sin instituciones fuertes no hay estabilidad y sin unidad nacional será imposible construir un futuro mejor para todos los peruanos.
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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.


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